Guyana, uno de los países más pobres de Sudamérica durante décadas, espera ingresar alrededor de 6.500 millones de dólares este año por su producción petrolera, más del doble de lo previsto inicialmente. El conflicto en Irán, al restringir el suministro energético global, disparó el precio del crudo y convirtió a este país de apenas un millón de habitantes en uno de los grandes beneficiados de la crisis, según reportó Xataka.
La combinación de precios elevados y una demanda internacional que busca proveedores alejados de las rutas amenazadas por drones volvió su petróleo especialmente atractivo. Guyana comenzó a producir crudo hace apenas unos años y hoy extrae aproximadamente 900.000 barriles diarios, con previsiones de alcanzar una capacidad de 1,7 millones en 2030.
Un crecimiento económico sin precedentes
La economía guyanesa creció un 33% durante el primer semestre del año, mientras el Banco Mundial ya la clasifica como una economía de ingresos altos. Su renta anual por habitante ronda los 32.000 dólares, por encima de países como Chile y Uruguay, y el valor de sus reservas petroleras por habitante solo sería superado por Kuwait, según datos del FMI.
El ascenso de Guyana forma parte de una transformación mayor: América ya concentra aproximadamente el 37% de la producción mundial de petróleo, frente al 27% de hace una década.
Ferraris en calles con viviendas precarias
En Georgetown, la capital, los deportivos de lujo comparten calles congestionadas con viviendas precarias, canales de aguas residuales y barrios expuestos a inundaciones e incendios, según reportó el New York Times esta semana. El auge petrolero impulsó restaurantes exclusivos, festivales internacionales y grandes promociones inmobiliarias, pero también encareció la vivienda y alimentó las críticas por la desigual distribución de la riqueza.
El Gobierno sostiene que los ingresos están financiando nuevas carreteras, puentes, rebajas fiscales, educación universitaria gratuita y pagos extraordinarios de unos 500 dólares a los ciudadanos. Sin embargo, parte de la población denuncia que la prosperidad se concentra en una pequeña élite mientras los servicios públicos continúan mostrando graves deficiencias.
La contradicción de importar combustible
La nueva riqueza esconde una paradoja: el país extrae enormes cantidades de crudo, pero carece de infraestructura suficiente para transformarlo en gasolina y diésel. Eso lo obliga a importar combustibles y lo mantiene expuesto a las mismas alteraciones del mercado energético que multiplican sus ingresos. Durante la primavera experimentó incluso problemas temporales de abastecimiento.
Es uno de los desafíos de una economía que intenta evitar la llamada maldición de los recursos naturales, en la que la riqueza petrolera termina alimentando la inflación, la corrupción y el deterioro de otros sectores productivos.
Disputa territorial y mano de obra migrante
El descubrimiento de reservas también reavivó una antigua disputa con Venezuela, que reclama la región del Esequibo, equivalente a más de la mitad del territorio guyanés. El conflicto continúa bajo el nuevo liderazgo venezolano y está pendiente de una resolución de la Corte Internacional de Justicia, prevista para principios de 2027. La creciente importancia del petróleo guyanés añade una dimensión estratégica al enfrentamiento, especialmente por los intereses de Exxon Mobil y Estados Unidos en la región.
Mientras Venezuela intenta recuperarse de años de dificultades económicas, miles de trabajadores extranjeros, principalmente cubanos y venezolanos, llegan al nuevo gigante petrolero en busca de empleo. El país necesita mano de obra para sostener su expansión y dispone de un fondo soberano destinado a administrar parte de sus ingresos.
La incógnita es si Guyana conseguirá transformar esta bonanza en prosperidad duradera para sus habitantes o si los deportivos de lujo terminarán siendo el símbolo de una riqueza que nunca llegó a repartirse.










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