José Mari Bakero llegó a Chiclayo en enero de 2013 para dirigir al Juan Aurich con la misión de modernizar al club. Edwin Oviedo, entonces presidente de la institución, lo presentó como el hombre que instalaría un fútbol competitivo en el 'Ciclón del Norte'. Sin embargo, la experiencia terminó en septiembre de ese mismo año con su destitución y un contrato rescindido de manera anticipada.
El exjugador Óscar Vílchez, uno de sus dirigidos en esa temporada, recordó en el podcast Pitucos Marrones cómo la filosofía europea de Bakero chocó con la realidad del plantel peruano. Según su relato, el técnico aplicó los mismos criterios de gestión que había vivido en Europa, como otorgar tres días de descanso tras cada partido, una práctica habitual en las grandes ligas pero que en Perú no funcionó igual.
El método europeo y el choque con el plantel
Vílchez explicó que Bakero quedó desbordado por un grupo de jugadores que no respondía a los parámetros que él conocía. 'Él tenía mentalidad europea y junta a unos galifardos, hermano', graficó el exfutbolista, quien mencionó a varios de sus compañeros como Jair Céspedes, la 'Sombra' Ramos, el 'Loco' Delgado, Atoche, Khan y Velarde como parte de un grupo que distaba del perfil de los futbolistas con los que Bakero estaba acostumbrado a trabajar.
El episodio que mejor ilustra el abismo cultural ocurrió, según Vílchez, en el hotel del equipo tras los partidos. Bakero, fiel a su concepción de cercanía con los jugadores, colocaba una caja de cervezas sobre la mesa como gesto de camaradería. En su lógica, los futbolistas tomarían con moderación y se retirarían a descansar, tal como —según le contó al propio Vílchez— hacían Andrés Iniesta o Sergio Busquets cuando él los invitaba a compartir una copa de vino en Barcelona.
“Yo salgo a tomar un vino con Iniesta, yo salgo a tomar un vino con Busquets y se van a su casa y no pasa nada”, le confesó Bakero a Vílchez en una de sus charlas.
La respuesta del jugador peruano fue lapidaria: 'Profe, eso no va a pasar acá'. Y no pasó. Lo que Bakero interpretaba como un gesto de proximidad terminó siendo, según Vílchez, el detonante de situaciones que el entrenador no supo controlar. 'Él la estaba empezando', resumió el exfutbolista entre risas, usando una expresión coloquial que describe el inicio involuntario de un descontrol.
El deterioro y la salida anticipada
El deterioro fue paulatino. Vílchez relató que en las últimas dos semanas antes de su destitución, Bakero ya no dirigía los entrenamientos. El técnico estaba, en sus propias palabras según el jugador, saturado. 'No entendía', repitió Vílchez, subrayando la perplejidad del español ante un contexto que escapaba a sus marcos de referencia. 'Creo que usted no se ha dado cuenta dónde está. Acá no va a suceder eso', le llegó a decir.
La directiva del Juan Aurich tomó la decisión en septiembre de 2013, cuando los resultados se habían vuelto insostenibles y el equipo ocupaba los últimos puestos de la tabla. El contrato se rescindió con el pago de una penalidad equivalente a un mes de salario. Daniel Valderrama asumió de forma interina y luego llegó Roberto Mosquera para hacerse cargo del plantel.
Al abandonar el país, Bakero no se guardó sus conclusiones. En declaraciones que tuvieron amplia repercusión, el exvolante catalán criticó las estructuras del fútbol local: 'El fútbol peruano es un fútbol de supervivencia... Al jugador peruano hay que enseñarle a ser profesional'. Advirtió que si el torneo mantenía ese modelo de informalidad y contratos cortos, el destino del fútbol en el país iría directo al 'desastre'.
En total, Bakero dirigió 31 partidos oficiales en la liga local, además de los compromisos de la Copa Sudamericana 2013. Números que, a la luz del relato de Vílchez, cuentan solo una parte de la historia. La otra —la de las cajas de cerveza, los días libres y las conversaciones sobre Iniesta— quedó guardada durante años hasta que un podcast la sacó a la luz.










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