El marcador terminó en cero, pero la noche tuvo de todo. Alianza Lima y Athletico Paranaense empataron 0-0 en Matute por la Copa Libertadores 2023, en un partido cerrado, intenso, friccionado y cargado de detalles tácticos. No hubo goles, es cierto, pero sí hubo carácter, choques, tensión, una expulsión decisiva y una hinchada que convirtió La Victoria en una caldera.
El encuentro se jugó el 4 de abril de 2023, por la primera fecha del Grupo G, y dejó una imagen potente: Alianza pudo mirar de frente a un rival brasileño con oficio copero, nombres de peso y una estructura competitiva muy trabajada. El equipo de Guillermo “Chicho” Salas no se desordenó, no se achicó y entendió que, ante un adversario como Paranaense, el primer triunfo era no partirse.
La noche también tenía una carga emocional especial. Alianza llegaba con la presión de responder en casa, cortar una racha internacional pesada y demostrar que podía competir en el escenario más bravo del continente. Al frente estaba un Paranaense que no necesitaba presentación: un equipo fuerte, físico, acostumbrado a jugar finales y con futbolistas capaces de cambiar el partido en una sola jugada.
Una noche de ajedrez con ruido de tribuna
Desde el arranque, el partido se jugó como se juegan las noches grandes de Copa: con intensidad, pierna firme y poco margen para el error. Alianza intentó mandar desde el empuje de Matute, pero Paranaense respondió con jerarquía, pausas y una presión calculada para impedir que el equipo peruano corriera cómodo.
El plan íntimo fue claro: proteger el centro, cerrar caminos interiores y buscar salidas rápidas por los costados. No se trataba de regalar la pelota ni de esperar por esperar. La idea era competir desde el orden, sostener cada duelo individual y elegir bien los momentos para atacar.
Paranaense, en cambio, trató de imponer su madurez. Con Fernandinho como organizador y Vitor Roque como amenaza principal, el cuadro brasileño buscó mover a Alianza de lado a lado, encontrar espacios entre líneas y acelerar cuando el bloque blanquiazul quedara mal perfilado. Pero esa comodidad nunca llegó del todo.

Foto Agencia Andina ©️ Editora Perú
Las alineaciones del partidazo copero
Alianza Lima arrancó con Ángelo Campos en el arco; Edinson Chávez, Carlos Zambrano, Santiago García y Ricardo Lagos en defensa; Josepmir Ballón, Jesús Castillo, Christian Cueva, Gabriel Costa y Bryan Reyna en la zona media y ofensiva; y Pablo Sabbag como referencia de ataque.
Athletico Paranaense formó con Bento bajo los tres palos; Khellven, Thiago Heleno, Zé Ivaldo y Pedrinho en la línea defensiva; Erick, David Terans, Fernandinho, Agustín Canobbio y Tomás Cuello en el mediocampo y la creación; y Vitor Roque como punta.
En los papeles, ambos equipos partieron con una estructura cercana al 4-2-3-1, aunque Alianza se transformó muchas veces en un bloque más compacto al momento de defender. En ataque, Bryan Reyna y Gabriel Costa buscaron darle amplitud, mientras Sabbag peleó cada pelota contra centrales fuertes, duros y con mucho oficio.
El mediocampo fue una guerra silenciosa
El partido se explicó, sobre todo, en la mitad de la cancha. Allí, Ballón y Castillo sostuvieron una tarea enorme. No tuvieron una noche vistosa, pero sí indispensable. Corrieron, corrigieron, presionaron, cerraron líneas de pase y evitaron que Paranaense jugara con libertad cerca del área.
Cueva tuvo menos espacios de los que necesitaba para brillar. Cada vez que intentó recibir entre líneas, encontró marcas encima y poco tiempo para decidir. Aun así, su presencia obligó al rival a no soltar del todo la vigilancia en la zona central.
Fernandinho fue el cerebro del Furacão. Con experiencia, lectura y serenidad, intentó darle pausa a un partido que por momentos pedía vértigo. Pero Alianza lo rodeó bien. No lo anuló por completo, porque a jugadores de esa jerarquía casi nunca se les borra del campo, pero sí logró que no jugara a placer.
Bryan Reyna, la chispa que encendió Matute
Si hubo un jugador capaz de levantar a la tribuna con una sola arrancada, ese fue Bryan Reyna. Pegado a la izquierda, el extremo blanquiazul fue la vía de escape más peligrosa. Cuando recibió con metros por delante, encaró sin miedo, cambió de ritmo y obligó a Khellven a retroceder con urgencia.
Reyna no siempre terminó bien la jugada, pero su importancia estuvo en otra parte: rompió la monotonía, estiró al equipo y le recordó a Paranaense que Alianza también podía hacer daño. En partidos cerrados, ese tipo de futbolistas son dinamita emocional. Una gambeta, un enganche o una falta cerca del área pueden cambiarlo todo.
Por derecha, Gabriel Costa intentó asociarse y aparecer en zonas interiores. Sabbag, en tanto, jugó un partido de desgaste. Le tocó pelear contra Thiago Heleno y Zé Ivaldo, dos centrales acostumbrados al contacto, al cruce fuerte y a los duelos aéreos. No tuvo una noche cómoda, pero nunca dejó de incomodar.

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Zambrano contra Vitor Roque: duelo de alto voltaje
El cruce entre Carlos Zambrano y Vitor Roque fue uno de los duelos más atractivos del partido. De un lado, un defensor peruano con recorrido internacional, fuerte en el anticipo y acostumbrado a partidos calientes. Del otro, una joya brasileña potente, veloz y con movimientos que obligan a defender siempre concentrado.
Zambrano jugó con el cuchillo entre los dientes. No regaló espacios, fue firme en los cruces y entendió que ante Vitor Roque no podía dudar. El delantero brasileño necesitaba poco para preocupar: un giro, una diagonal o una descarga bastaban para poner en alerta a toda la defensa.
Santiago García también cumplió una función clave. Acompañó bien en las coberturas, ganó duelos importantes y ayudó a sostener el bloque cuando Paranaense cargó con más gente. La defensa de Alianza tuvo momentos de sufrimiento, pero no perdió la cabeza. Y en la Libertadores, eso vale muchísimo.
Campos y Bento blindaron los arcos
Ángelo Campos fue uno de los nombres fuertes de la noche. El arquero blanquiazul transmitió seguridad, cortó centros complicados y respondió cuando el partido lo exigió. No necesitó una atajada de portada para ser importante: su valor estuvo en la sobriedad, en la ubicación y en la tranquilidad que le dio a la defensa.
Al frente, Bento también sostuvo a Paranaense. El arquero brasileño jugó con personalidad y mantuvo su arco en cero en los momentos de mayor empuje íntimo. En un partido sin goles, los arqueros suelen quedar escondidos detrás del marcador, pero esta vez fueron parte esencial del relato.
Las estadísticas dejaron una lectura interesante: Alianza tuvo más posesión de balón, cerca del 60%, mientras Paranaense remató más veces. Eso resume bien el choque. El equipo peruano tuvo presencia y manejo en varios pasajes, pero el brasileño fue más directo cuando encontró espacios para finalizar.
La expulsión que abrió el final
El partido cambió a los 78 minutos, cuando Thiago Heleno fue expulsado y Paranaense quedó con diez hombres. Matute lo sintió de inmediato. La tribuna empujó con más fuerza, Alianza adelantó líneas y el cierre empezó a jugarse con olor a oportunidad.
Era el momento para acelerar, cargar el área y obligar a Bento a trabajar bajo presión. Alianza lo intentó, pero le faltó precisión en el último pase. La superioridad numérica le dio campo, impulso y energía, aunque no la claridad suficiente para romper el cero.
Paranaense, ya con uno menos, sacó oficio. Cerró espacios, enfrió algunas acciones y resistió como suelen resistir los equipos grandes en noches difíciles. Incluso tuvo alguna aproximación capaz de asustar a Matute en el tramo final. La Copa es así: perdonas, y el rival casi te castiga.

Foto: Agencia Andina ©️ Editora Perú
Lo que dejó el 0-0 en Matute
Para Alianza, el empate dejó sensaciones mezcladas. Por un lado, confirmó que el equipo podía competir ante un rival de jerarquía, sostener una noche de alta exigencia y responder físicamente durante los 90 minutos. Por otro, quedó la espina de no haber aprovechado el hombre de más en el cierre.
Para Paranaense, el punto tuvo valor estratégico. Sacar un empate en Matute, con diez jugadores en el tramo final y ante una hinchada encima, no era poca cosa. El Furacão no brilló, pero compitió con madurez y sostuvo el resultado cuando el partido se le puso cuesta arriba.
El duelo dejó nombres propios: Zambrano por liderazgo defensivo, Campos por seguridad, Castillo por despliegue, Reyna por desequilibrio, Fernandinho por manejo y Vitor Roque por amenaza constante. Fue un partido sin festejo de gol, pero con muchas pequeñas batallas ganadas y perdidas en cada zona del campo.
Una Copa que también se juega así
El fútbol no siempre necesita un 3-2 para ser emocionante. A veces, un 0-0 puede tener el ruido de una final si se juega con intensidad, contexto y tensión. Eso ocurrió en Matute. Alianza y Paranaense no regalaron una noche de goles, pero sí un partido de Copa en estado puro.
Hubo lucha, estrategia, roce, presión, una expulsión y una tribuna que empujó hasta el último minuto. Alianza no ganó, pero dejó una señal competitiva. Paranaense no dominó como esperaba, pero se llevó un punto trabajado. Y la Libertadores volvió a demostrar que sus noches no se explican solo por el marcador.
Aquel Alianza Lima vs. Paranaense quedó como una radiografía perfecta de la Copa: un partido donde cada pelota dividida parecía decisiva, cada error podía costar carísimo y cada jugador entendió que, en Sudamérica, competir también es saber sufrir.










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