Durante años, sus apellidos parecían escribirles un destino. Ser hijo de Jefferson Farfán o de Juan Manuel Vargas, dos de los grandes referentes de la selección peruana de las últimas décadas, podía convertirse en una invitación casi inevitable a perseguir el mismo sueño: ponerse los chimpunes, pisar una cancha de fútbol y tratar de continuar un legado familiar. Pero Adriano Farfán y Jota Vargas decidieron algo distinto. Eligieron el deporte, sí, pero no necesariamente el fútbol.
Es una historia que demuestra que el talento y la pasión no siempre se heredan en la misma dirección. Mientras uno cambió los botines por una pala de pádel, el otro encontró su lugar con una pelota en las manos y una cancha de balonmano por conquistar.
De las divisiones menores al pádel
Adriano Farfán, hijo mayor de Jefferson Farfán y Melissa Klug, parecía encaminado hacia el fútbol. Su apellido, inevitablemente, alimentaba las expectativas. ¿Cómo no pensar que el hijo de la 'Foquita', uno de los futbolistas peruanos más importantes de este siglo, terminaría intentando recorrer un camino parecido?
Sin embargo, a los 18 años decidió cambiar de rumbo. En julio de este 2026 anunció que comenzaba una nueva etapa en el pádel, disciplina que pasó de ser un deporte que simplemente quiso probar a convertirse en un proyecto deportivo con objetivos mucho más ambiciosos.
El cambio no fue menor. Adriano dejó atrás el fútbol para vincularse al mundo profesional del pádel y pasó a formar parte de NOX, una de las marcas reconocidas de esta disciplina. El joven ha expresado que lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una pasión y en una oportunidad para seguir creciendo como deportista.
La reacción de su padre también tuvo un significado especial. Jefferson, que durante años hizo del fútbol su vida, terminó respaldando públicamente la decisión de su hijo.
"Si lo crees, lo creas"
Fue el mensaje que compartió, acompañado de otra reflexión: "La mentalidad lo es todo". Quizá allí esté una de las grandes lecciones de esta historia: Adriano no tenía que convertirse en Jefferson Farfán para continuar siendo un deportista. Podía ser simplemente Adriano.
Jota y el otro fútbol
La historia de Jota Vargas Rodríguez tiene un elemento todavía más peculiar. Su padre fue conocido durante años por su potente pierna izquierda, sus goles y sus recorridos por el fútbol peruano y europeo. Pero Juan Manuel Vargas Rodríguez decidió que también quería una pelota en su vida, aunque no necesariamente en los pies.
Jota eligió el handball o balonmano, una disciplina que en el Perú todavía busca mayor espacio y que combina velocidad, fuerza, coordinación y una intensidad muy diferente a la del fútbol.
El hijo del 'Loco' integra el Partille Club Perú y ha tenido experiencias internacionales con su equipo. Ya en 2023 formó parte de un grupo de jóvenes que representó al país en una competencia mundial juvenil en Italia.
Su decisión volvió a llamar la atención en 2024, cuando participó con su equipo en un torneo internacional en Argentina y consiguió el título de la Copa de Honor con la categoría Sub 14.
La pregunta era inevitable. ¿Qué siente un exfutbolista al ver que su hijo decidió no jugar fútbol? Jota se la hizo directamente a su padre y la respuesta del 'Loco' reflejó algo más importante que cualquier deseo de herencia deportiva: el orgullo de verlo elegir su propio camino.
Un apellido no tiene que ser un destino
Adriano y Jota representan dos historias diferentes unidas por una misma decisión. Crecieron cerca del fútbol, con padres que llegaron a ser figuras de la selección peruana y que vivieron el deporte desde las grandes ligas, los estadios llenos y la presión de representar a un país.
Pero ninguno eligió cargar con la obligación de repetir la historia. Uno ahora busca su lugar en el pádel. El otro corre, salta y lanza en una cancha de handball. Ninguno será Jefferson Farfán ni Juan Manuel Vargas. Y precisamente allí está la belleza de sus historias. Porque, a veces, el mejor homenaje que un hijo puede hacerle a un padre no es seguir exactamente sus pasos. Es tener el valor de encontrar los propios.









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