En los últimos años,
Lin-Manuel Miranda ha sido valorado por sus roles de actor, cantante, compositor, dramaturgo y compositor, gracias a títulos como el musical
Hamilton y la cinta
In the Heights. Un amplio currículo al que ahora suma la dirección de
Tick, tick… boom!
La película que lleva a la pantalla la obra semi biográfica de otra figura del teatro estadounidense de las últimas décadas:
Jonathan Larson, el compositor y dramaturgo neoyorquino que dio vida al musical rock
Rent, pero murió la noche antes de su estreno.
El mismo que antes había creado
Tick, tick… boom!, la pieza que hoy revive en la ópera prima de Miranda, la cual presentó a comienzos de los 90 como un trabajo solista, pero después de su fallecimiento se convirtió en una obra musical de tres actos.
La cual es la base del nuevo largometraje original de
Netflix, mostrando al público la historia un tanto ficcionada de Larson, un
veinteañero artista que busca hacerse de un nombre en Broadway. Y a quien en pantalla encarna un destacado Andrew Garfield.
Cuya trama se ubica en 1992, cuando Jonathan, o Jon, presenta su monólogo
Tick, tick… boom! en la sala del New York Theatre Workshop, junto a una banda y sus amigos Roger (
Joshua Henry) y Karessa
(Vanessa Hudgens), quienes lo acompañan en las voces.
Una simple, pero enérgica puesta en escena donde revive su propio periplo como dramaturgo y compositor en un periodo de ocho años, dividiendo las semanas entre la creación del musical
Superbia y su trabajo dominical como mesero de una cafetería.
El problemático camino al éxito
Este es el local Moondance Diner de SoHo, el mismo barrio en que el protagonista arrienda un departamento donde el lavaplatos es también lavamanos y los gases que emanan de la calefacción son tóxicos. El mismo que debe compartir con alguien para poder pagarlo.
Detalles que se van revelando a través de las canciones de su obra, como también los pasajes de su cotidianidad que se van dibujando a lo largo de la cinta. Donde tienen gran importancia su mejor amigo Michael (
Robin de Jesús) y su novia Susan (
Alexandra Shipp).
Y es cuando Michael deja de ser su compañero de vivienda, ya que se irá a vivir a un acomodado apartamento tras obtener un bien remunerado en publicidad, que Jonathan
se cuestiona una vez más su creatividad y el haber optado por ser un compositor teatral.
Problemática que se suma a otro obstáculo a días de la presentación de
Superbia ante posibles productores: no tener la canción clave para el segundo acto. Algo esencial para el director del programa de teatro musical de Playwrights Horizons que lo apoya.
Una
crisis creativa que suma a la falta de dinero, la enfermedad de algunos amigos y los pequeños-grandes roces con Susan, que van dibujando con
un tono agridulce los diferentes obstáculos que enfrenta su protagonista para lograr visibilidad en la escena de Broadway.
En una combinación de drama y canciones que hace de
Tick, tick… boom! un entrañable y más que recomendable musical. Donde se revela el talento de Miranda detrás de cámara, como también la capacidad vocal e interpretativa de su elenco, en especial la de Garfield.
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