Israel Tolentino
Mi suegra remojaba en agua hervida el maíz amarillo para rallarlo al día siguiente, el pan de esos años eran una mezcla de harina de maíz y yuca, toda una proeza manual para tener en la mesa el pan de cada día, cuenta la maestra Rosa.

Este domingo han llegado desde el mítico Sipán, el telúrico Cusco, la indomable Cajamarca y el aguerrido Huánuco, maestros panaderos; todos reunidos en el corazón de Pozuzo, con el ánimo de intercambiar recetas, compartir técnicas, saborear juntos las maravillosas creaciones surgidas de los sencillos ingredientes: harinas, levaduras y líquidos.
La masa madre es una maravilla de invención, las “nalas” (abuelas pozucinas) preparaban pan cada día y dejaban una porción de masa cruda para que sirva de levadura al día siguiente, faena maravillosa, comparable a cuidar el fuego, a trasmitirlo para no dejar que se apague. Cuántas mujeres empeñando sus vidas para llevar a delante los designios de salvaguardar el alimento de su prole.

La mañana es soleada, ello parece normal entre los que vivimos acá, en Pozuzo, pero no siempre es así, en algunos momentos el tiempo cambia sutilmente y una torrentosa lluvia deja todo mojado. La feria y encuentro de maestros de desarrolla con amicalidad, el tiempo, dice por ahí alguien, “nos quedará corto”. Uno escucha y observa al maestro Marino Astocondor y se da cuenta que realizar cada tipo de pan tiene un proceso, enseñar es repetir métodos, invitar a participar a los colegas, cumplir cálculos, sobre todo esperar que el pan recién entrado al horno se cosa en el tiempo previsto. El aroma a pan invade todo el local de la Institución Educativa (I.E.) del colegio Túpac Amaru, en su ambiente de Educación para el trabajo (EPT) se realiza el encuentro de maestros panaderos llegados de lugares distantes. Sale la primera hornada de rosquitas, todos esperamos que se enfríe un poco para empezar a probarlas.

Los maestros llegados de Cajamarca descansan bajo la sombra del guerrero Yánesha en la plaza del pueblo, conversan y comparan el lugar con alguno de sus pueblos - tenemos una campiña ancha - qué lindo es el Perú dice Carlo Franco, llegado desde San Antonio, su asociación se llama ASIPA (Asociación de industriales en panificación) y junto con él están presentes: Antonio Banda, Santos Cortez, Carlos Intor, Segundo Mantilla y María Luisa Paredes. Cada uno sonriente, contento con esta nueva experiencia.
De Oropeza, la tierra por donde las huestes de Túpac Amaru anduvieron luchando una sociedad con mayores oportunidades. El “pan Chuta” es desde hace poco patrimonio nacional como indica el número de resolución modelado en una cara de la tanta: 31389. Cusco es la capital nacional del pan, la señora María Quispe y don Mario Ayerbe son líderes en la zona sureña.
De Monsefú llegó el señor de Sipán, curiosamente en forma de pan, acompañado de un cuchillo Chimú y un pectoral, a parte de su rica variedad de panes.
Huánuco estuvo presente con la panadería “Ninos”, emprendimiento ambino que con los años y perseverancia tiene un lugar cimentado en la panadería huanuqueña. El trío hacedor de pan huanuqueño conformado por Edith Montecinos, Carlos Montecinos y Yossary Bravo estaban acompañados por el entrañable maestro “Tucho” Bravo. Fue un buen motivo para tomarse un café con “mishti shongo”.

Una jornada impecable, con la participación de las autoridades municipales y los estudiantes de la Institución Educativa Túpac Amaru, ganadores del concurso regional de panadería, quienes pusieron la cuota de juventud y entusiasmo y el sabor de las recetas de sus “nalas” como el “strudel” de 18 metros de largo preparado para compartir con todos los presentes (Pozuzo, abril 2024).







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