El rugido de una moto rompió la rutina en Comas. No era el sonido familiar del tráfico matutino, sino el preludio de la violencia. Dos figuras encapuchadas, sombras sobre ruedas, desataron una ráfaga de disparos contra un colectivero, un hombre que solo buscaba ganarse el pan cerca del bullicioso mercado Velasco.
Afortunadamente, el conductor escapó ileso de la lluvia de balas. Pero el terror lo invadió. “Me amenazaron”, confesó con la voz temblorosa a las autoridades. El mercado Velasco, un punto neurálgico del distrito, se convirtió, por un instante, en un escenario de guerra. Un recordatorio brutal de la creciente inseguridad que carcome la capital peruana.
Según fuentes policiales, el ataque tiene el sello del crimen organizado. La extorsión a transportistas y comerciantes se ha convertido en una práctica común en la zona, donde bandas criminales luchan por el control del territorio. El anonimato que ofrecen las motos lineales facilita la labor de los sicarios, quienes actúan con total impunidad a plena luz del día.
Este incidente no es un caso aislado. Comas, un distrito con una población de casi medio millón de habitantes, se ha visto golpeado por una ola de violencia en los últimos meses. Asaltos, robos y asesinatos son el pan de cada día, generando un clima de zozobra y desconfianza entre los vecinos. La falta de presencia policial y la ineficacia de las autoridades locales han contribuido a que la delincuencia campee a sus anchas.
El ataque al colectivero tiene un impacto directo en la vida de los ciudadanos de Comas. Muchos de ellos dependen del transporte público informal para llegar a sus trabajos, mercados o centros de estudio. El miedo a ser víctimas de la delincuencia podría paralizar este servicio, afectando la economía local y la movilidad de miles de personas. ¿Quién se atreverá a subir a un colectivo después de esto? ¿Cómo podrán los vecinos desplazarse con seguridad?
La historia de Comas está marcada por la lucha y la resiliencia. Fundado en la década de 1960 por migrantes provenientes de diversas regiones del país, el distrito se convirtió en un símbolo de la autoconstrucción y el espíritu emprendedor. Sin embargo, en las últimas décadas, la violencia y la delincuencia han ensombrecido este legado, amenazando con destruir el tejido social.
Ante este panorama desolador, es fundamental que las autoridades tomen medidas urgentes para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Aumentar la presencia policial, fortalecer la investigación criminal y promover la participación ciudadana son algunas de las acciones que se deben implementar de manera inmediata. Pero también es necesario abordar las causas profundas de la violencia, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.
El ataque al colectivero es un llamado de atención. Es hora de que la sociedad peruana en su conjunto se movilice para combatir la delincuencia y construir un futuro más seguro y justo para todos. No podemos permitir que el miedo paralice nuestras vidas y destruya nuestros sueños. Debemos recuperar las calles y devolverle la esperanza a Comas.









Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.