Cerebro desconectado efectos de 24 horas sin celular en Semana Santa

En la era digital, la desconexión se ha convertido en un lujo. La Semana Santa, tradicionalmente un periodo de reflexión y unión familiar, se presenta como una oportunidad idónea para realizar una pausa digital consciente. El desafío reside en el arraigo que ha adquirido el celular en la vida cotidiana, transformándose en una extensión de nuestro ser, y el impacto que su ausencia genera en nuestra psique.

Según la investigación publicada por El Comercio, la Semana Santa emerge como un momento propicio para apartarnos del mundo digital y reconectar con nosotros mismos, aprovechando el ambiente de recogimiento y la menor exposición a las obligaciones laborales y académicas.

La dificultad para desconectarnos radica en la recompensa instantánea que ofrecen las redes sociales y las aplicaciones. Cada notificación, cada “me gusta”, actúa como un estímulo que alimenta el sistema de recompensa cerebral, generando una dependencia comparable a la de ciertas adicciones. Este fenómeno, conocido como refuerzo intermitente, nos mantiene en un estado de alerta constante, buscando la próxima dosis de gratificación. Además, la omnipresencia del celular en nuestras vidas, abarcando desde el trabajo hasta el entretenimiento, refuerza la idea de que no podemos prescindir de él, intensificando la ansiedad ante la idea de una desconexión.

El uso constante del celular, especialmente el “scroll infinito” en redes sociales, interrumpe el ritmo circadiano, afectando la producción de melatonina y, por ende, la calidad del sueño. Esta alteración repercute en nuestra productividad diaria, generando fatiga y malestar general. Además, la sobreexposición a la información y la comparación social que fomentan las redes pueden afectar negativamente nuestra autoestima y bienestar emocional.

Sin embargo, desconectarse del celular durante 24 horas puede generar cambios significativos a nivel mental y neurológico. Si bien al principio puede experimentarse ansiedad, irritabilidad o incluso síntomas similares al síndrome de abstinencia, a medida que pasan las horas, el cuerpo y la mente se adaptan. Se produce una mejora en la capacidad de concentración, una disminución de la ansiedad basal y una reactivación de funciones cognitivas como la atención sostenida y la introspección. Se facilita la reconexión con el entorno natural, el cuerpo y los ritmos internos, impactando positivamente en el bienestar emocional.

Para lograr una pausa digital efectiva, es fundamental establecer límites claros, dedicar tiempo a actividades desconectadas y practicar la atención plena. Se recomienda reducir los estímulos digitales y participar en actividades analógicas que promuevan el descanso cognitivo y emocional, como leer, cocinar o conversar cara a cara. La clave reside en la regularidad y la preparación emocional. La plasticidad cerebral permite que el cerebro se adapte a nuevas rutinas, reduciendo la dependencia del celular y recuperando la capacidad de concentración y autorregulación.