Desencuentro presidencial: Un espejo de la gestión política

En un episodio que se suma a la serie de desaciertos diplomáticos, Perú ha presenciado un acto desafortunado en la esfera internacional: la fallida reunión de la presidenta Dina Boluarte en Estados Unidos. Con la venia del Congreso, no por mayoría, pero sí con los votos necesarios, la mandataria emprendió un viaje con la esperanza de una audiencia privada con el presidente estadounidense, un encuentro que no llegó a fructificar.

Este fallo, aparentemente originado por una serie de errores de coordinación por parte de la cancillería y los asesores de la presidenta, pone de manifiesto la necesidad de respetar y seguir los protocolos diplomáticos que rigen los encuentros entre líderes mundiales. Un ex embajador señala con razón que las agendas presidenciales deben ser estrictas y respetadas, y no sujetas a la casualidad de un encuentro informal.

La presidenta, al parecer, partió sin confirmación oficial de la reunión, depositando una confianza excesiva en su equipo y, tal vez, desviando el enfoque del viaje hacia otros intereses menos urgentes. Esta situación se agrava ante el contexto de crisis que atraviesa el Perú, con una lucha interna entre bandas criminales que amenazan la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, un sector de la salud y educación descuidados, y una creciente inseguridad que aterroriza a la población.

Este escenario demanda una representación firme y comprometida por parte de nuestras autoridades, una postura que debería reflejarse tanto en la arena nacional como en la internacional. Es imperativo que la Presidenta encare con seriedad su responsabilidad como líder de la nación y no se aleje de las urgencias que requieren su atención inmediata.

No es el momento para la frivolidad o para actitudes que puedan interpretarse como una falta de compromiso. Cada paso en falso en el escenario global es un reflejo de la gestión interna y, en este sentido, las constantes ausencias de la Presidenta no hacen más que alimentar una percepción de desatención a los problemas acuciantes del país.

Sería bueno que la presidenta a que reconsidere su postura y su enfoque, que tome el pulso de la nación y que asuma el mandato con la gravedad y el esmero que la situación demanda. La ciudadanía espera acciones concretas y una dedicación inquebrantable para abordar los retos de violencia, salud y educación.

Presidenta Boluarte, aún tiene la oportunidad de enderezar el curso de su gestión y de grabar su nombre en la historia como una líder que supo enfrentar con valor y eficacia los desafíos de su tiempo. No desperdicie la oportunidad de marcar una diferencia significativa en la vida de los peruanos. La urgencia es clara, la responsabilidad es suya.