PARA MUESTRA, DOS BOTONES

PARA MUESTRA, DOS BOTONES

Por Jacobo Ramírez Mays

Muchas veces, un salón de clases con 38 jóvenes entusiastas es un mundo donde cualquier cosa puede pasar, un lugar en el que pueden encontrarse, cuál si de una isla maravillosa se tratara, tesoros que resulta difícil de imaginarse. Cada alumno es un misterio con historias diferentes, pero todos tienen un solo objetivo: ser profesionales para cambiar esta sociedad. Así los miro, y en medio de toda esa pequeña multitud, encuentro a dos jóvenes, jóvenes como los que, estoy seguro, ha de haber muchos: jóvenes por cuyas venas corre el arte.

PRIMERO: William Máximo Toledo Huamán es un alumno del segundo año de la carrera profesional de Lengua y Literatura (Ambo-mayo del 2000). Se me acerca, un poco temeroso, y me entrega un libro preguntándome si lo había leído. Es un libro en formato pequeño titulado Foráneo Corazón. Le respondo que no, que no lo he leído. Entonces me lo entrega diciéndome que es el autor. Agradezco su generosidad y lo guardo para leerlo en otro momento. Ya en la tranquilidad de mi hogar, leo el pequeño libro. La hoja de créditos me informa que ha sido publicado el año 2020, con un tiraje de 500 ejemplares. Leo el pequeño prólogo escrito por Belker Leandro.

Disfruto de los 41 poemas que conforman el libro. El tema predominante es el del amor como quimera, como fantasía, como decepción, como engaño, como pasión. Aquí, como sería previsible, es la mujer amada quien decepciona al joven poeta en ese caminar. Y es ella quien inspira a William a escribir, hay que decirlo.

El joven escritor dice: La melancolía/ embriaga mi vida en uno de sus y así nos podemos dar cuenta de ese sentirse solo en este camino que es el escribir. En otro poema nos dice: detrás de ti, amada mía/me he perdido. /Me perdí en lo profundo/ de tu mirada, /en lo rojo de tus labios/y en tus frágiles manos.

De esa manera, este ambino de corazón invita a los lectores a disfrutar de la lectura de su poesía, y estoy seguro de que algunos versos gustarán a más de uno.

SEGUNDO: Milco Manolo Vela Jaimes es otro estudiante, también de la misma carrera. Este joven retratista, exalumno del colegio Máximo Rufino, que queda en su ciudad natal, Chavín de Pariarca, también se me acerca como el anterior. Habla en voz baja, y su voz casi se pierde por el cubrebocas. Me saluda, mira a todos lados y saca de su mochila una cartulina en donde veo mi rostro retratado. Es un dibujo perfecto para mí, y observo en mi rostro algunos detalles que no había percibido en la fotografía. Me doy cuenta de que Manolito es un capo en esta materia. Ojalá le guste, me dice. Agradezco su generosidad dándole la mano y veo en sus ojos satisfacción. En señal de broma, le digo que para la próxima me dibuje sin sombrero y con pelo, se ríe y me dice que está de acuerdo. Luego se despide y lo veo caminar, solitario, por los pasillos de la universidad, tal vez mirando lo que el común de personas no vemos.

Manolo lleva el arte en sus venas. Me contó que dibuja desde niño y que con los retratos de las chicas que hizo quisiera forrar todo el cielo raso de su cuarto. También me dice que decidió ser profesor de Lengua y Literatura porque es una carrera donde podrá expresar su arte en toda su dimensión, y estoy seguro de que así será.

Así como estos dos jóvenes, estoy seguro de que muchos tienen talentos diferentes. Solo les falta romper el ¡qué dirán! Esas dos palabras que no han permitido a muchos artistas desenvolverse en este mundo como quisieran. Es más, en muchos casos los dejó en el anonimato. Dos palabras que fueron, y son para muchos, sueños. Sueños que, si nos dedicamos a terminar con este estado de cosas, nos llevarán a sacar adelante al país, más temprano tarde.    

 Las Pampas, 15 de setiembre del 2022