VIENDO LO QUE ESCRIBES TE DIRÉ QUIÉN ERES

Por Arlindo Luciano Guillermo
La ortografía es un termómetro cultural; la redacción, el reflejo de lectura y competencias lingüísticas. En la Unheval, en la década del 80, mi profesor de Ortografía y Redacción fue Andrés Cloud Cortez, aún no había publicado Usted comadre debe acordarse. Teníamos los estudiantes de Lengua y Literatura un folleto, formato A4, a mimeógrafo, para leer y reforzar las clases del profesor. Desaprobé en dos oportunidades. Cuando le pregunté al mismo Cloud, en su oficina, en la vieja casona del Jr. Dos de Mayo, me dio cuatro respuestas: había utilizado erróneamente algunas comas, utilicé palabras desconocidas que él no sabía el significado, no había análisis ni opinión certeros y falta total de lectura”. Antes de retirarme me dijo: “Sigue leyendo, muchacho”. Me alcanzó un ejemplar de Pedro Páramo y El llano en llamas y El coronel no tiene quién le escriba. Eran los años más felices de mi vida de lector. Así aprendí a escribir con claridad, sencillez y exigencia. 
La lectura está ausente de la escuela, la universidad ni qué decir de la familia. La lectura es un hábito de unos cuántos que sobreviven a las redes sociales, al pragmatismo mercantilista, al consumo obsesivo (primero la barriga y el bolsillo, luego, si sobra tiempo, lo demás), el empoderamiento por doquier de las imágenes audiovisuales, el desprecio por “aprender leyendo”, la indiferencia por el conocimiento y la escasísima inversión en libros. El plan lector no funciona porque quien lo impulsa (lo más probable) no lee ni tiene aliados para hacerlo. ¿Acaso aún no entendemos que el hábito de lectura (por diversión, recreación o necesidad académica o profesional) es una competencia lingüística como la ortografía y la producción de textos con argumentación, sintaxis, precisión léxica y coherencia? Un estudiante lee, un profesional en ejercicio lee. ¿Alguien se exonera de leer para un óptimo y alto desempeño en lo que hace? No solo se lee literatura, sino también la ley de contrataciones con el Estado, un contrato laboral o de servicios, una norma técnica de los ministerios, la ley que rige a los colegios profesionales, noticias diarias, la Constitución del 93 (¿qué artículos se deben reformar o es necesario eliminarla?), un informe, etc. Si no leemos correctamente podemos meternos en camisa de once varas. 
Los textos publicados en las redes sociales son un desastre ortográfico y una agresión brutal contra la normatividad. Se escribe como le dé la gana al usuario. Lo que importa, en realidad, no es cómo escribe, sino qué mensaje o información comparte y comenta. Es una de las causas recurrentes de la “pésima ortografía”. ¿Se debe escribir correctamente en las redes sociales? Eso importa poco o nada. La gente escribe como le parezca, solo le interesa que se le entienda y socialice información. Si es con z, s, c, con tilde o sin tilde, con v o b, con mayúscula o minúscula, con abreviaturas y siglas fuera de la norma, con frases sin coherencia ni sintaxis, no es importante; el caso es que haya comunicación efectiva y recíproca. La mala ortografía y la desidia por la lectura revelan la personalidad y pueden, en algunos casos, limitar el acceso al mercado laboral y el posterior desempeño. Una entrevista personal dice si lees o si estás informado porque lo harás con habilidad verbal y construyendo oraciones con verbos, conectores, adjetivos y adverbios adecuados. No basta disponer de un corrector automático en Word y en Google; eso resuelve el problema parcialmente o induce a crasos errores de vocabulario, tildación, puntuación y sintaxis.    
Una performance ortográfica y coherencia y calidad en la redacción se aprende con paciencia, estudio, actualización y lectura. La poesía, prioritariamente, provoca un efecto estético y emocional en el lector, pero también contribuye a fortalecer cuatro habilidades que funcionan simultáneamente: manejo de significado no literalmente, sino sutil, entre líneas, simbólico, con más de un matiz semántico y varios sentidos; decir mucho con pocas palabras es el secreto de la poesía; uso de términos con significado audaz y libre sin caer en el absurdo ni la ridiculez; concentración del texto en un resumen o síntesis conservando la esencia y la intención. La lectura de poesía es un recurso importante para aprender el manejo del lenguaje y la escritura. No solo hay poesía en los versos, sino también en la prosa, las canciones, los refranes y el periodismo.  “Caminante no hay camino  / se hace camino al andar” (Antonio Machado), “Creo ser dueño del mar y de esta madrugada” (Andrés Jara), “Si a vuestra voluntad yo soy de cera,  /  y por sol tengo solo vuestra vista,” (Garcilaso de la Vega), “Experta en vendar dolores, dolorosa,  /  soy tu hecho, la talladura  /  que has labrado en sauce transitivo,  /  pero tú estás sentada lejos del banquillo de la culpa”. (Samuel Cárdich), “En el aire conmovido  /  mueve la luna sus brazos  /  y enseña, lúbrica y pura,  /  sus senos de duro estaño”. (Federico García Lorca), “… la gente no muere de un órgano enfermo   /  sino de un órgano que inicia una secreta metamorfosis  /  hasta ser animal maduro y dispuesto a abandonarnos”. (José Watanabe), “Dijo hola y adiós  /  y el portazo sonó   /  como un signo de interrogación…”. (Joaquín Sabina), “Camina conmigo un rato  /  un tramo tan solo y hablamos después  /  mira la suela de mis zapatos  /  no están gastados y me viste correr”. (Enrique Bunbury). ¿Qué comunican estos poetas y cantantes con sus versos? Leer poesía es un desafío a la inteligencia, la reflexión y la comprensión de textos, pero vale la pena hacerlo; tarde o temprano tiene sus frutos. La lectura de cuento y novela otorga la línea y la ruta para el relato, la secuencia temática, la argumentación y una estructura, mientras que leer ensayo y periodismo argumental e informativo contribuyen con la información y motivan la opinión y el pensamiento crítico responsables. Siempre será recomendable leer Hildebrandt en sus Trece (a pesar de la discrepancia y la disensión), Hojas de hierba, Los heraldos negros, Los versos del capitán, La palabra del mudo, Cien años de soledad o Libertad bajo palabra. La lectura no provoca Alzheimer ni alergia ni perjudica la salud física y mental. Durante el Covid-19, la lectura ha ido un grato entretenimiento y un aliado idóneo para enfrentar el estrés, la soledad, la depresión o el enclaustramiento obligatorio. En vez de la Biblia, leía El Principito y Canto General.