Escrito por: Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
A diferencia de lo que suele pasar con ciertos casos puntuales, en los que la imbecilidad de la gente solo alcanza a perjudicar a estas mismas, y, en consecuencia, no reviste mayor problema que el que podría acarrear su posesión a sus infelices tenedores, en ocasiones puede darse el caso de que la referida idiotez de algunos llegue a trascender el ámbito personal de quienes la sufren, al punto de terminar por afectar, y en qué medida, al resto de las personas. Qué es lo que sucede, por ejemplo, cuando la sandez de que se habla proviene de los políticos. Y es que al tener estos, por obvias razones, capacidad de decisión respecto de asuntos de vital importancia para la ciudadanía en general, para la población en su conjunto, todo cuanto hagan o dejen de hacer acabará perjudicando, más temprano que tarde, a absolutamente todos.
Constatamos lo anterior, para poner por caso a algo que nos es infelizmente cercano, en las terribles consecuencias que ya se prevé que originará la tozuda negativa del Ejecutivo a apoyar la importación y comercialización de vacunas contra la COVID-19 por parte de empresas privadas. Oposición que, dadas las circunstancias que vivimos, linda a todas luces con la necedad, con la memez, con la majadería, habida cuenta de que no tiene en consideración que cada día que pasa sin que la población reciba la anhelada vacuna, se multiplican, asimismo, las posibilidades de que contraiga el nefasto virus, con las consecuencias que ya todos conocemos.
Pero ¿será solo cuestión de necedad, de memez, de majadería, el que el Ejecutivo en su conjunto se niegue rotundamente a que la vacuna llegue al país por otras vías que no sean las oficiales? Porque aun cuando la estupidez sea moneda corriente en nuestro país, hay cuestiones, y esta es una de ellas, que escapan a todo intento de explicación. ¿O habrá, acaso, detrás de tan incomprensible decisión algo más que esté en juego, y que sea esto lo que a fin de cuentas motive en realidad la negativa del actual Gobierno a la llegada extraoficial de la susodicha vacuna? Motivos para tener fundadas sospechas de que algo turbio se esconde detrás de todo esto, naturalmente, las tenemos de sobra.
Para empezar, desde la salida a la luz de la forma irregular, por no decir despreciable y abyecta, en que el expresidente Vizcarra, y algunos de sus ministros y viceministros se hicieron inocular a espaldas de la población, queda claro que de esta gente, esto es, de nuestra llamada clase política, se puede esperar cualquier cosa. Lo que se traduce en que no tendría nada de raro que lo que estaría llevando al Ejecutivo a querer tener el control total de la compra de las vacunas, fuesen en el fondo los millones y millones de dólares que a través de sobornos estarían corriendo bajo la mesa.
Contratos confidenciales que ocultan los verdaderos montos que se estaría pagando por las vacunas; altos funcionarios que, si por algo destacan, es por su poca transparencia y probidad en el manejo de los dineros de Estado; son, ni siquiera hace falta decirlo, variables que, interrelacionadas, hacen más que previsible el resultado. Como sea, las condiciones existen de sobra para que sea la corrupción, una vez más, la que esté moviendo sus hilos desde las sombras para que el Ejecutivo siga encaprichado en ser el único responsable de la administración de las vacunas.
Lo peor de todo es que, al paso que van las cosas, la llegada de la tercera ola de la pandemia nos sorprenderá a un gran número de peruanos sin tengamos la posibilidad de hacerle frente con una inmunización que por lo menos nos dé cierta garantía, si acaso, de que saldremos bien librados. Porque incluso si el Gobierno llegase a adquirir la cantidad suficiente de dosis como para inocular a toda la población en edad de poder ser vacunada, es poco probable que pueda cumplir con una tarea de semejante envergadura, debido a las consabidas limitaciones del Estado para realizar una campaña de vacunación masiva.
Lamentablemente, cuestiones son estas que a nuestras ineptas autoridades parecen importarles un maldito carajo. Y no solo eso, sino que además tienen el desparpajo de decir que lo que las mueve a no aceptar que las empresas privadas se involucren en el proceso de vacunación, es que lo que desean estas almas del Señor es igualdad para todos. ¡Cómo no! Si hay que ser bien cabrón para venir a hablarle de igualdad a la gente, cuando los que se llenan la boca pregonando a los cuatro vientos que lo suyo es defender la equidad, son los primeros en vacunarse, y entre gallos y medianoche.
¿Algún día se dará cuenta el mentecato que tenemos como presidente del enorme costo de vidas que su insensata decisión acabará produciendo? ¿Algún día seremos capaces los peruanos de elegir gobernantes que sepan estar verdaderamente a la altura de las circunstancias? Lo más probable es que no. Ni lo uno ni lo otro. Además, si hay algo por lo que los peruanos somos célebres, es porque tenemos los gobernantes que merecemos; aunque no queramos aceptarlo; aunque nos duela infinitamente el tener que aceptarlo.




