Los milagros existen, y prueba de ello es Yonel Soto Guerrero, trabajador de la Municipalidad Provincial de Huánuco. La COVID-19 dañó el 98 % de sus pulmones, pero a sus 54 años ganó la batalla al letal coronavirus. Los médicos lo desahuciaron y apenas le dieron tres días de vida, pero la fe en Dios le hizo nacer de nuevo y hoy vive para contar su historia.
Yonel hubiera formado parte de los 2180 fallecidos por la COVID-19, cifra de decesos que hasta ahora registra la Dirección Regional de Salud. Ruth Soto Rodríguez, una de las hijas de Yonel, cuenta que su padre se contagió de coronavirus cuando trabajaba en el depósito municipal, ubicado en la urbanización Cayhuayna Baja, en el distrito de Pillco Marca.
El 20 de enero presentó los primeros síntomas del mal, tales como fiebre, dolor muscular y dificultad para respirar. Ante ello, recurrieron al Hospital II EsSalud donde lo evaluaron para descartar la presencia del virus en su organismo, pero el examen con la prueba antígena y molecular arrojó negativo. Por esa razón, tuvo que ir a laborar a pesar de tener fiebre.
A los seis días, su salud se complicó y necesitaba oxígeno para seguir viviendo. El 2 de febrero es internado en la Villa EsSalud, pero el 6 de ese mismo mes se agrava y tuvo que ser trasladado a trauma shock del Hospital II EsSalud. “Mi papá estaba morado y a punto de morir. Solo movía sus manos para despedirse de nosotros”, cuenta Ruth.
Con el 98% del pulmón afectado
Como el 98 % del pulmón de Yonel estaba afectado por la COVID-19, los médicos no veían ninguna posibilidad para que pudiera ser entubado y ser asistido por un respirador mecánico, pues solo un milagro lo salvaría. “Pedí de rodillas y con lágrimas para que el médico me deje estar al lado de mi padre. Él llegó a cero en su saturación”, detalla la hija de Yonel.
Ruth cuenta que en vista de que los médicos no le daban esperanza de vida a su progenitor, toman la decisión de orar, y el 7 de febrero a las 11 de la noche de manera milagrosa la saturación de su padre subió de 35 a 94 %. Este ascenso repentino sorprendió al médico de apellido Del Valle, quien decide entubar, pero no tenían un ventilador mecánico.
Ante ello, la familia alquila un ventilador por 600 soles por día. Sin embargo, a los 30 minutos de haber entubado a Yonel la máquina dejó de funcionar. La desesperación afectó a los familiares y médicos, que tuvieron que usar un ventilador portátil para asistir a Yonel, mientras que los hijos del trabajador edilicio consiguieron otro equipo mecánico.
“Ese día a las 7 de la noche fallece una señora, y se desocupa el ventilador, pero el médico Del Valle se negaba en colocar el equipo a Yonel, porque estaba destinado para otra persona, pero el galeno Hinostroza ordena que coloque a mi padre ese ventilador”, detalla Ruth, quien cuida de su padre en su casa.
Entubado tres veces
Yonel resultó entubado otras tres oportunidades por distintos médicos, entre ellos Espinosa y Tello, pero cada vez que era atendido por estos galenos, dice Ruth, que la salud de su padre empeoraba, pero cuando era tratado por el médico Carlos Veliz Utia, se reponía. “Él llegó al hospital como enviado de Dios. Era un ángel para mi padre”, .
Ruth detalla que trasladaron a su padre de shock trauma a la Unidad de Cuidados Intensivos instalado en la capilla del hospital para su recuperación. Cuando le despertaron tenía una fiebre de 40 grados, esto porque se había contagiado de una bacteria intrahospitalaria conocida como klebsiella pneumoniae. “Mi padre resultó afectado por otras tres bacterias”, acotó.
Según cuenta la hija de Soto Guerrero, este fue intubado hasta en cuatro oportunidades, y en varias veces los médicos le recomendaron despedirse de él. Asimismo, precisa que en manos del médico Espinoza muchos pacientes fallecieron y las enfermeras no se cambian de guantes cuando tocan los celulares a asisten a otros pacientes.
Yonel pasó por dos diálisis y no reaccionó por cuatros días luego que le quitaron los sedantes. En la Unidad de Vigilancia Intensiva recibió el mejor tratamiento y el 6 de mayo empezó a comer, y 22 días después resultó dado de alta. Ahora se recupera en su casa y durante cuatro meses tiene que recibir terapia para recobrar la movilidad en sus piernas.
El trabajador municipal cuenta que su empleador ha reducido su remuneración de 2800 soles a 2000, sin explicación alguna. “Cuando estuve sedado, sentí que los médicos me dieron por muerto, me metieron a una bolsa negra para que me lleven a la morgue, pero hice un esfuerzo para abrir el cierre, y al verme que estaba vivo me acudieron”, relató Yonel.
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