Los textos generados por los modelos de OpenAI empezarán a llevar una marca invisible en la Unión Europea. La técnica se denomina textGrain y no añade caracteres ocultos ni espacios que el usuario pueda percibir a simple vista: el sistema elige las palabras del texto con un criterio estadístico e introduce un patrón identificable a posteriori. La medida busca cumplir la normativa europea de transparencia sobre contenido generado con herramientas de inteligencia artificial.
OpenAI confirmó que no desplegará inicialmente esta tecnología en todo el planeta. Por el momento la usará solo en la Unión Europea a modo de prueba en condiciones reales, y no descarta que poco a poco llegue a otras regiones donde operan sus modelos. Además, cualquier cliente del laboratorio podrá activar esa huella estadística en algunos modelos a través de la API de OpenAI, independientemente de su ubicación.
Qué es textGrain y cómo funciona
A diferencia de las marcas de agua visibles, que agregan una etiqueta o un aviso al contenido, textGrain no incorpora nada perceptible en el texto. Tampoco recurre a caracteres ocultos ni a espacios invisibles. Según OpenAI, el modelo selecciona las palabras que entrega siguiendo un patrón estadístico que una herramienta de detección adecuada puede identificar después. La compañía publicó los detalles en un artículo en su blog.
El enfoque de OpenAI se suma al que ya aplica Anthropic en sus modelos Claude. Según la información disponible, los modelos de Anthropic lanzados desde el pasado 2 de agosto en la Unión Europea incorporan una marca invisible en los textos que generan, y sus modelos más antiguos van integrando también esa tecnología de reconocimiento. Ambos laboratorios estadounidenses adoptan la medida para cumplir las obligaciones de transparencia de la normativa europea.
La técnica de Anthropic sigue una lógica distinta a la de OpenAI. La compañía explica que el modelo “teje” la marca directamente en el texto generado, de modo que la señal viaja con las palabras cuando son copiadas a otra aplicación y puede mantenerse tras determinados cambios. El sistema se aplica en el propio modelo, no exclusivamente en la interfaz de Claude. Para archivos compatibles como imágenes en formato .svg, .png o .jpg, Claude adjunta metadatos de procedencia firmados bajo el estándar C2PA, aunque ese sello se pierde con una captura de pantalla o una conversión de formato.
Las limitaciones que reconoce OpenAI
OpenAI admite en su artículo que su tecnología de marcado estadístico no es infalible. La huella puede diluirse si una persona edita el texto y cambia, por ejemplo, algunas palabras por sinónimos, o si modifica la estructura de algunas frases. De acuerdo con la compañía, si se sustituye el 10% de las palabras de un texto de 400 tokens por sinónimos, la detección cae del 92% al 66%. Si se reemplaza el 25% de las palabras, la detección baja al 17%.
Otro escenario problemático son los textos cortos: en ellos es muy difícil percibir el patrón estadístico, por lo que un contenido generado por IA podría ser considerado de autoría humana. A esto se suma que las herramientas de detección pueden arrojar falsos positivos, es decir, atribuir una huella estadística a un texto que en realidad no fue generado por un modelo de IA.
Durante las pruebas de OpenAI, y con una tasa objetivo de falsos positivos del 1%, la herramienta de detección identificó correctamente el 80% de los textos de 200 tokens. La tasa de aciertos se incrementa hasta alcanzar el 95% al analizar textos de 400 tokens.
Qué no puede determinar la herramienta
Aunque acierte en su análisis, una herramienta de detección no puede determinar cuánto contenido procede de un modelo de IA y cuánto es resultado del trabajo intelectual humano. Tampoco permite identificar al usuario, el prompt que utilizó para generar el texto, su cuenta ni la conversación que mantuvo previamente con el chatbot, según OpenAI.
Actualmente OpenAI usa los estándares C2PA y las marcas de agua SynthID para firmar las imágenes y el audio procesados por sus modelos. En el caso de los textos, la compañía reconoce que textGrain no basta por sí solo.
El matiz que genera más debate: procesar no es crear
En el caso de Claude, Anthropic advierte que encontrar la marca no significa necesariamente que la IA haya escrito el texto desde cero. Una persona puede redactar un artículo de 1.000 palabras y entregarlo al modelo únicamente para corregir errores, traducirlo o resumirlo. El resultado puede contener la marca aunque las ideas y buena parte del texto original sean humanas. Por eso, según la compañía, la futura herramienta de detección no equivale a preguntar si el texto lo escribió una IA, sino a si hay señales de que el contenido pasó por Claude. Anthropic todavía trabaja en las herramientas que permitirán a usuarios y terceros detectar esas marcas y ha prometido publicar documentación técnica adicional.
Ese matiz tiene consecuencias en ámbitos como la educación, los medios de comunicación, las empresas o los procesos de selección, donde los llamados detectores de IA ya venían siendo cuestionados por su fiabilidad.
Qué exige la normativa europea
El origen de la medida está en el Reglamento de IA de la Unión Europea. Su Artículo 50 obliga a que el contenido generado por sistemas de inteligencia artificial pueda identificarse como tal mediante mecanismos técnicos, y desde agosto de 2026 esa exigencia empezó a aplicarse de forma progresiva. El Código de Prácticas desarrollado alrededor de esas obligaciones es voluntario, pero los requisitos legales de transparencia no lo son.
Anthropic es uno de los aproximadamente 190 organismos que se adhirieron al código a finales de julio, junto con Google, Meta, Microsoft, Mistral y OpenAI, entre otros. La compañía decidió no limitar el cambio al mercado europeo: según su documentación oficial, el marcado se aplicará allí donde esté disponible Claude, en todo el mundo, y cubrirá el uso a través de su web y su aplicación, el acceso vía API, Claude Code, Claude Cowork o Claude Tag, además de los despliegues a través de socios como AWS, Google Cloud o Microsoft Foundry.
El alcance temporal también tiene matices. Los modelos de Claude lanzados en la UE a partir del 2 de agosto de 2026 incorporan el marcado desde su lanzamiento. Para los modelos anteriores a esa fecha, Anthropic reconoce que todavía está trabajando en añadir esa capacidad, dentro del periodo de transición que contempla la propia normativa.
El despliegue de textGrain por parte de OpenAI se enmarca en esas mismas obligaciones. No se precisó una fecha exacta para la llegada de la tecnología a otras regiones ni los modelos específicos que incluirán la marca desde el inicio.










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