La situación educativa en Huánuco ha alcanzado un punto crítico, un tema que ya no puede ser ignorado. Existe una profunda crisis en la infraestructura escolar de la región, como también lo ha confirmado Francisco Pérez, director de la UGEL de Huánuco. Esta realidad ha forzado a muchos estudiantes a dejar sus colegios para asistir a clases en locales alquilados o en instituciones privadas, lo que no solo afecta su rendimiento académico, sino también su vínculo emocional con sus escuelas.
Mientras algunos colegios, como la Gran Unidad Escolar en Leoncio Prado, han recibido la inversión necesaria, muchos otros han sido dejados de lado. Un ejemplo claro es el colegio Hermilio Valdizán, cuya construcción tardó 13 años en completarse, solo para terminar con serias deficiencias. Esta situación refleja un problema sistémico en la región, donde las obras de infraestructura, en su mayoría, se entregan a medias, mal ejecutadas y sin el cuidado necesario.
Pero lo más indignante es lo que ocurre en algunos colegios como los del distrito cercano, donde las aulas tienen techos de cartón en lugar de materiales más seguros y adecuados. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI los estudiantes tengan que asistir a clases en condiciones tan precarias? Este es un claro engaño por parte de los constructores y una falta de responsabilidad de los supervisores, quienes deberían garantizar la seguridad y bienestar de los niños.
Ni que decir en las zonas rurales, la situación es aún más desoladora. Muchas escuelas operan en condiciones deplorables, con infraestructuras de adobe, techos precarios y sin acceso a servicios básicos como agua potable o electricidad. Estas condiciones son una muestra del abandono y la falta de compromiso hacia la educación en estas áreas, donde los niños merecen mucho más de lo que están recibiendo.
Las autoridades deben de priorizar la educación, se debe de actuar con mayor decisión y dedicación hacia los estudiantes y sus familias. La solución a esta crisis no solo pasa por una mayor inversión en infraestructura, sino también por una supervisión honesta que evite la corrupción que ha asfixiado a la región.
Las autoridades de Huánuco tienen la obligación moral de tomar medidas inmediatas. La educación no puede seguir siendo relegada; es el futuro de nuestros niños lo que está en juego. Solo con un esfuerzo conjunto y decidido podemos asegurar que las futuras generaciones crezcan en un entorno seguro, digno y con las herramientas necesarias para convertirse en los ciudadanos que Huánuco necesita.




