SOLARIS

SOLARIS: POR MAR, DESDE HUÁNUCO A LIMA

Por: Israel Tolentino 

Lo real maravilloso, en estas tierras, en estas fantasías, en estos habitantes, en las vidas ordinarias, es pan de cada día; así que saber y sentir que el mar de Lima alguna vez surcó por Huánuco es tan real como los esclavos desembarcando en el Callao y muchos llegando a esta región a inventar la danza, las máscaras, la bemba. Mi abuelo escondía su bemba.

Este hecho trajo el mar entre las rendijas de las uñas de los pies descalzos, los cuerpos y el oído, acortó simbólicamente distancias, hizo que se sienta el crepitar de las olas detrás del San Cristóbal, que se creciera en este valle del Pillko, añorando la playa, idealizando el progreso con el mar.

El mar es inabarcable, con una fuerza vital magnética, aunque visto desde el sol, sea un charco, un espejismo, un opaco espejo iluminado por el sol.

Beto Gayoso Díaz (Huánuco).

Beto Gayoso (Huánuco, 1983) e Ignacio Noguerol (Lima, 1992), comparten esta afición por el vaivén monocorde del mar, por esa parsimonia en que traen y llevan sus mensajes, esa grisura como una piel erizada que te invita acariñarla y hundirte, a consumir un cigarro y cerrar los ojos para extraviarse en su perfume a alga, gaviota, erizo, cangrejo, corvina…

La muestra bipersonal que realizan en la Galería Forúm de Lima (espacio galerístico emblemático) es un reto desde el punto de vista técnico y conceptual; primero: dos artistas se juntan, unen sus obras bajo ciertas convenciones íntimas y los resultados deben ser tan personales como grupales, segundo: Una idea en común debe familiarizar los resultados, al final, la lectura ofrecida al espectador / crítico, responde en los espacios todas las inquietudes.

El logro en Solaris es rotundo, desde la elección de mirarse desde fuera de la cápsula celeste /gris y encontrar en el mar, el mecanismo que une extremos de crecimiento diferentes. Buscar en ese ojo extraterreno el nexo de sus obras y de sus experiencias artísticas. Seguro, que antes del arte, Beto e Ignacio no coincidieron en actividad alguna.

Pintura de Ignacio Noguerol.

La sensibilidad, hacia cada elemento que compone el lenguaje de la plástica y visualidad, suele pasarse de alto, reparamos poco por ejemplo en la intensidad de un goteo, una mancha, la ausencia y el exceso; olvidamos, como escribe Andrés Pérez en la presentación, que la línea recta es un laberinto. Noguerol y Gayoso, en la juventud de sus indagaciones, restauran la magia oculta tras cada pensamiento hecho acción, una frescura que hace mucho no se encuentra en las salas. Tal vez sea una queja o un pedido de voltear la cabeza hacia el oeste.

Las almas afines existen, esta bipersonal es una prueba, se complementan en sus diferencias, en los puntos de vista, las perspectivas que toman, las pausas para engendrar los trazos; en sus cualidades para labrar sus oficios, en sus pensamientos en las ignotas posibilidades que la roca con moho ofrece. La espuma bajo la noche no es solo para pintar y dibujar, es llama viva que convida a sumergirte.

Artistas Ignacio Noguerol y Beto Gayoso.

Volviendo, tomando distancia, como Solaris lo es, una puesta al público para mostrarnos lo que hay y no vemos por devaneo; desde esa distancia planetaria, incidimos en la observación: hemos caído demasiado a la mirada del ágape y desatendemos que el arte es todo lo que en la noche de la inauguración brilla de ausente. 

Amarilis, octubre 2022.