El sistema de salud peruano atraviesa una crisis que se agudiza pese a que su presupuesto se triplicó en la última década. Así lo advierte un análisis difundido este año, que señala que la atención no ha mejorado y que los problemas estructurales se han profundizado: desabastecimiento de medicamentos e insumos, epidemias no controladas, tomógrafos y mamógrafos fuera de servicio, largas colas por citas médicas y altas tasas de anemia y desnutrición infantil.
El documento, elaborado a modo de propuesta para el sector, precisa que la población destina un 29% de su gasto en salud de manera directa, lo que evidencia la carga económica que recae sobre los pacientes. Esta situación contrasta con el aumento del presupuesto público, que en los últimos diez años se habría triplicado sin que se traduzca en mejores servicios.
Las causas de la crisis sanitaria
El análisis atribuye el estancamiento a la crisis política recurrente de los últimos años. Señala que la alta rotación del personal directivo y de niveles clave impide la continuidad de las políticas de salud, mientras que la falta de meritocracia y el copamiento político con intereses personales habrían priorizado decisiones ajenas al bienestar de la población.
Estos factores, según el texto, habrían debilitado la capacidad de gestión del sistema sanitario y limitado el impacto de los mayores recursos asignados. La propuesta plantea que, sin cambios en la gobernanza, el aumento presupuestal por sí solo no resolverá los problemas de fondo.
Seis políticas para revertir la situación
Frente a este escenario, el análisis propone seis políticas principales orientadas a reestructurar el sector. Aunque el documento no detalla el contenido específico de cada una, sugiere que la prioridad es atender los nudos críticos identificados: el abastecimiento de medicamentos, la operatividad de equipos médicos, el control de epidemias y la reducción del gasto de bolsillo de las familias.
La propuesta no precisa los plazos de implementación ni los montos requeridos para ejecutar estas medidas. Tampoco detalla qué instituciones serían responsables de su aplicación, lo que deja pendiente la definición de un plan concreto por parte del Ministerio de Salud y el Congreso.
El diagnóstico coincide con reportes previos sobre la precariedad del sistema sanitario, evidenciada durante la pandemia, y busca llamar la atención sobre la urgencia de reformas estructurales más allá del incremento presupuestal.










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