Rusia lanzó un nuevo ataque con misiles balísticos y drones contra Kyiv, la capital de Ucrania, en vísperas de una cumbre clave de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde se prevé que la guerra vuelva a ocupar un lugar central en la agenda internacional.
Según reportes de autoridades ucranianas, las explosiones se registraron durante la madrugada y activaron las alertas aéreas en distintas zonas de la ciudad. Los sistemas de defensa antiaérea fueron desplegados para intentar interceptar los proyectiles, mientras miles de residentes buscaron refugio en estaciones del metro y otros espacios seguros.
El ataque ocurre en un momento de alta tensión diplomática, cuando los líderes de la OTAN se preparan para debatir nuevas medidas de apoyo militar y político a Ucrania. Kyiv insiste en la necesidad de recibir más sistemas de defensa aérea, especialmente ante el uso recurrente de misiles balísticos, considerados más difíciles de interceptar.
Las autoridades locales informaron daños en infraestructura urbana y edificios residenciales, aunque el balance de víctimas puede variar conforme avancen las labores de rescate y evaluación. Equipos de emergencia acudieron a las zonas afectadas para controlar incendios, retirar escombros y atender a los heridos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha reiterado en varias ocasiones que los ataques rusos contra ciudades buscan presionar a la población civil y debilitar la resistencia del país. Moscú, por su parte, suele justificar sus ofensivas alegando que apunta contra objetivos militares e infraestructura vinculada a la defensa ucraniana.
La ofensiva contra Kyiv vuelve a colocar el conflicto en el centro del debate occidental. Para Ucrania, la cumbre de la OTAN representa una oportunidad para exigir mayor respaldo; para Rusia, el ataque envía una señal de fuerza antes de una reunión estratégica de sus principales adversarios.









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