SERVIRA LA BICAMERALIDAD

Gran responsabilidad de los futuros diputados y senadores a partir del 2026

POR: Jorge Davila Chumpitazi

El Congreso (Poder Legislativo) funcionara con dos órganos distintos: Senadores y Diputados a partir del 2026, siendo una de las reformas más resaltantes que se hayan realizado a nuestra constitución desde su dación.

Esta bicameralidad por el momento está resultando impopular (fue rechazada en el referéndum del 2018 por la población con un 85%). La pregunta que nos hacemos es si es  buena para el país este cambio constitucional, o simplemente es para generar más trabajo a personas que desean estos cargos, porque de 130 congresista se pasara a 190 (diputados y senadores), más equipo técnico, administrativos y equipo logístico, es decir, más carga al estado.

Tengo fe, y considero que al tener dos cámaras se va a mejorar el congreso (una especie de separación de poderes), como dice Alonzo de Belaunde, algunos actos parlamentarios de Diputados quedan sujetos a la revisión de Senadores. No se podrá aprobar leyes, reformas constitucionales, ni acusaciones constitucionales, sin la concurrencia de ambas cámaras.

La Ley 32245 es el cuerpo normativo que modifica la Ley 26859, Ley Orgánica de Elecciones; Ley 28094, Ley de Organizaciones Políticas; y Ley 28360, Ley de Elecciones de Representantes ante el parlamento andino, para adecuar la normativa electoral al proceso de elecciones del congreso bicameral. Quien establece en su artículo 112 los requisitos para ser elegido miembro del Congreso de la República, siendo los siguientes: a. Para senador se requiere ser peruano de nacimiento, haber cumplido cuarenta y cinco años al momento de la postulación o haber sido congresista o diputado, gozar del derecho de sufragio y estar inscrito en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil. b. Para diputado se requiere ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años al momento de la postulación, gozar del derecho de sufragio y estar inscrito en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil.

Algo importante es que la creación de este sistema bicameral podría constituir un freno reflexivo dentro de la propia institución, lo cual permitiría que las decisiones legislativas se tomen con mayor ponderación y rigor. En lugar de producirse una acumulación de decisiones impulsivas o sometidas a los intereses de grupos de poder, se lograría un proceso más equilibrado, en el que las leyes sean el resultado de un análisis más profundo y menos susceptible a presiones externas. Quiero creer que es más que una mera duplicación de funciones, sino el esfuerzo por establecer un sistema equilibrado, que logre la complementariedad y la especialización entre las dos cámaras.

La Cámara de Diputados centraliza los instrumentos de control político, tales como las interpelaciones, censuras, comisiones investigadoras, entre otros. Por su parte, el Senado asume la responsabilidad del nombramiento de altos funcionarios y autoridades, como el Contralor General, el Defensor del Pueblo, los tres directores del Banco Central de Reserva, y los magistrados del Tribunal Constitucional, entre otros. Esta división de competencias no solo mejora la eficacia del proceso legislativo, sino que también promueve una mayor fiscalización y un control más eficiente de los actos del poder Ejecutivo.

Es importante resaltar que la reforma no deviene en una ampliación de poderes del Congreso, sino que, por el contrario, busca reorganizar y distribuir de manera más efectiva las funciones que ya existían en un solo órgano. Con ello se pretende que haya una representación más equitativa de la ciudadanía, dado que, según el promedio actual, cada congresista representa a aproximadamente 194 mil electores. En teoría, esto implica la necesidad de incrementar el número de parlamentarios, lo cual favorecería una mayor cercanía entre los representantes y sus electores, optimizando así el ejercicio de la representación política.

Además, es crucial entender que esta reforma es “apertus”, deja abierta la posibilidad de realizar ajustes futuros en la estructura del Congreso. En particular, la normativa permite que, mediante una ley orgánica, se pueda aumentar tanto el número de senadores como de diputados, ya que la reforma solo regula el número mínimo necesario para el funcionamiento del Legislativo. Este enfoque flexible permite adaptar el sistema a las futuras necesidades del país, asegurando que la representación política se mantenga acorde con el crecimiento poblacional y los cambios sociales.

En resumen, la implementación de un Congreso bicameral con funciones claramente diferenciadas y una mayor flexibilidad para modificar su estructura y composición se presenta como un paso hacia una democracia más representativa y eficiente. Este modelo busca fortalecer la gobernanza, promoviendo un control más riguroso y equilibrado de las decisiones políticas, a la vez que mejorara la relación tan venida a menos, entre los legisladores y los ciudadanos que representan.

Lo que se viene no es nada fácil.

La responsabilidad que se asumirán los nuevos miembros del parlamento será fundamental para el cambio que el país necesita; teniendo la gran mochila del cuestionamiento de la sociedad, porque esta entiende que la reforma fue aprobada sin su participación (no hubo convocatoria a un referéndum), descociendo lo decidido en la consulta popular el 2018. Teniendo el mensaje que el gobierno impone normas por encima de ellos.

La bicameralidad no es una formula magia, para resolver los problemas de nuestra sociedad, que en estos últimos años se han agudizado (asaltos, secuestros, asesinatos, entre otros) por tan nefasto gobierno (congreso y presidente).

Debemos tener fe, en esta bicameralidad y si elegimos bien a nuestros futuros parlamentarios, las cosas podrán mejorar, para tener un mejor país, no perdamos esta oportunidad el 12 de abril de 2026 en las elecciones generales, talvez sea la última que tengamos.