La definición de la representación parlamentaria de Huánuco ha dejado de pertenecer a las urnas para entrar en el terreno de la justicia electoral. Con el 76% de las actas contabilizadas , Melvin Céspedes , candidato del Partido Cívico Obras , sostiene una diferencia que oscila entre los 800 y 900 votos frente a su perseguidora inmediata, Karina Beteta . Este margen, equivalente a menos del 1% del electorado regional , supedita el resultado final a la resolución de las actas observadas que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) deberá dirimir en audiencias públicas en los próximos días. El escenario para Céspedes es tan expectante como vulnerable. El candidato, que suma hasta ahora 27,800 votos , reconoció que su organización no logró acreditar a tiempo a sus personeros legales y técnicos ante los organismos electorales. Esta omisión administrativa supone una desventaja crítica: en un conteo donde cada voto cuenta, el Partido Cívico Obras careció de presencia oficial para defender sus intereses en las mesas de sufragio, dejando la protección de su caudal electoral a la buena fe del sistema y a la fiscalización de terceros. Esta incertidumbre no es aislada. Se inserta en un clima de desconfianza alimentado por denuncias previas, como la del excandidato Rodolfo Espinoza , quien alertó sobre anomalías en la trazabilidad del conteo y la existencia de 193 actas observadas cuando el proceso apenas superaba el tercio del avance. La disputa por la última curul de Huánuco se convierte así en un termómetro de la transparencia electoral en una región donde la legitimidad de origen de sus autoridades es cuestionada antes de la proclamación oficial. El peso de la fiscalización ausente La carencia de personeros acreditados por parte de Obras revela una falla estructural en las candidaturas emergentes. Céspedes admitió que esta falencia administrativa limitó su capacidad de respuesta inmediata durante el escrutinio, un factor que suele ser aprovechado por las maquinarias partidarias tradicionales con mayor despliegue logístico. "Es nuestra gran desventaja", sostuvo el candidato, subrayando que la defensa de los 27,800 votos obtenidos ahora depende exclusivamente de los criterios técnicos que aplique el pleno del JNE sobre las actas "tachadas y observadas". A nivel sistémico, la fragmentación del voto en Huánuco replica la crisis de representatividad nacional. Con un electorado repartido entre opciones que no superan el 20% de respaldo , la futura Cámara de Diputados nacerá con una base de apoyo social mínima. El hecho de que una curul se defina por menos de mil votos —en una región con más de medio millón de electores — acentúa la sensación de una victoria por descarte antes que por consenso mayoritario. Impacto en la agenda legislativa Mientras se espera el 24% de actas restante , la tensión política paraliza la proyección de la agenda regional en el Congreso. Céspedes ha manifestado que su prioridad será la viabilización de proyectos de salud y soporte psicológico para víctimas de violencia, pero su capacidad de maniobra estará sujeta a las alianzas que logre en una cámara baja que se vislumbra atomizada. La brecha mínima frente a figuras de trayectoria como Beteta simboliza el choque entre la demanda ciudadana por "caras nuevas" y el peso de las estructuras políticas establecidas. La atención ciudadana se desplaza ahora hacia las sedes de la ONPE y el JNE . No se trata solo de quién ocupará el escaño, sino de cómo se resolverá la tensión entre el conteo rápido de las zonas rurales y la lenta validación de las áreas urbanas, donde se concentra el grueso de las observaciones. El desenlace de esta contienda marcará el estándar de confianza con el que Huánuco enviará a sus representantes al nuevo Parlamento Nacional . Lo que queda pendiente es la velocidad con la que el tribunal electoral procese las impugnaciones antes de que el cierre del escrutinio oficial consolide una ventaja irreversible. El plazo es corto y el riesgo de un conflicto institucional, si los resultados no son transparentes, sigue latente en las calles huanuqueñas .