La Alameda de la República puede ser modernizada, pero no a costa de perder su identidad histórica ni su valor ambiental, advirtió Carlos Ortega y Obregón, exdirector de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Huánuco. Su posición introduce un ángulo distinto al debate: no rechaza la mejora del espacio público, pero exige que cualquier intervención conserve los elementos que hacen reconocible a la ciudad.
Ortega sostuvo que la Alameda es uno de los referentes urbanos de Huánuco y que para muchos ciudadanos representa una conexión directa con la memoria local. Según indicó, el problema no es intervenir, iluminar, ordenar o acondicionar mejor la zona, sino definir qué se reemplaza, qué se conserva y bajo qué criterios técnicos se toman esas decisiones.
El exfuncionario cuestionó que se pretenda presentar la modernidad como opuesta a la tradición. En su opinión, ambos criterios pueden convivir si el proyecto respeta la identidad del lugar. Para explicar su postura, señaló que una remodelación puede mejorar un espacio, pero también puede desfigurarlo si cambia los elementos esenciales que lo caracterizan.
Árboles, paisaje y calidad de vida
Ortega también puso énfasis en el valor ambiental de la Alameda. Indicó que Huánuco tiene cada vez menos puntos de vegetación intensa y que esos espacios ayudan a mejorar la oxigenación de la ciudad frente a un parque automotor más denso. Por ello, consideró que la posible tala de árboles no debe analizarse solo como un asunto ornamental.
Según señaló, reemplazar árboles no resuelve automáticamente el impacto ambiental, porque un árbol nuevo no cumple de inmediato la misma función que uno adulto. Desde esa mirada, planteó que se requiere una evaluación técnica individual de los árboles, similar a los criterios usados en bienes patrimoniales, donde cada pieza puede tener diagnóstico, tratamiento o reemplazo justificado.
El exdirector de Cultura también vinculó el caso Alameda con otros espacios como la Laguna Viña del Río y el mercado viejo. Sobre este último, recordó que en intervenciones anteriores se hallaron lajas antiguas y que una alternativa fue dejar testigos visibles como evidencia histórica. Para Ortega, si aparecen vestigios o elementos de valor, Cultura debe intervenir y definir cómo preservarlos.
Su advertencia central es que Huánuco no puede seguir perdiendo identidad cultural por falta de planificación. El proyecto, dijo, debería socializarse con vecinos, colegios profesionales y especialistas antes de ejecutar cambios irreversibles. La pregunta que queda abierta es si el Gobierno Regional explicará cómo modernizará la Alameda sin borrar aquello que la hace parte de la memoria huanuqueña.








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