A veces basta un apellido. “Hay veces hasta por los apellidos este trato se presenta”, contó Marco Durand Rocca, representante de la Defensoría del Pueblo en Huánuco, al describir el bullying que llega a su oficina: insultos, golpes y desprecio entre escolares, en colegios públicos y privados, incluidos los emblemáticos.
Lo que llega es poco. En el primer semestre, la Defensoría recibió “unas veinticinco quejas” de colegios de la ciudad, según Durand. Otro registro oficial dibuja un problema más grande: entre el 31 de enero y el 31 de agosto de 2026, el portal SíseVe del Ministerio de Educación acumuló 353 reportes de violencia escolar en la región Huánuco, según El Peruano. Las cifras no miden lo mismo —una es la ciudad y medio año; la otra, toda la región y siete meses—, pero juntas apuntan a lo que el propio Durand reconoce: hay más casos de los que llegan a su oficina.
Durand no lo esconde. El bullying, dijo, “se da con frecuencia en los colegios públicos y en los colegios privados”, pero muchas veces “no trasciende los muros del colegio”. La razón, a su juicio, es la reputación: hay casos que se manejan “de una manera reservada” para “no afectar la imagen de la institución”.
Lo que la ley ya exige
Ese silencio choca con una norma vigente desde 2011. La Ley 29719, conocida como ley antibullying, establece en su artículo 7 que el director de cada colegio “informa mensualmente a la Defensoría del Pueblo sobre los casos de violencia y de acoso entre estudiantes” que se hayan presentado. También debe avisar a los padres de la víctima y del agresor, y convocar de inmediato al consejo educativo cuando conoce un caso.
Consultado por los colegios privados, Durand mencionó uno solo, Innova, y lo hizo para destacar que es de los que ponen en conocimiento de la Defensoría sus incidentes. Cuando el periodista preguntó por los demás, la respuesta volvió a la imagen institucional.
Si recibe una queja, la Defensoría acude al colegio, levanta un acta y recomienda medidas a sus directivos. Según Durand, en muchos casos el problema se superó; los más graves se derivan a la Fiscalía. En lo que va del año, precisó, no ha recibido quejas por tocamientos indebidos ni por violación.
Un problema que crece en todo el país
Huánuco no es una excepción. Los 11 805 reportes nacionales de enero a agosto son un récord, según Infobae. De ellos, 8156 son agresiones entre estudiantes, un 18,5 % más que el año pasado, y 3649 involucran a personal de los colegios: casi uno de cada tres casos. La violencia sexual entre escolares fue la que más creció, con un alza de 35,4 %.
Para Durand, la cifra real “proyecta un poco más” y tiene responsables: “Mientras hay docentes que no son responsables, mientras que hay funcionarios de los colegios que no toman las previsiones, sencillamente vamos a asistir a ese triste espectáculo del incremento del caso de bullying”.
Cuando la violencia escala
La violencia entre escolares también se desborda fuera de las aulas. El 23 de agosto, en Huancayo, un escolar de 13 años murió tras ser atacado y apuñalado por un grupo de adolescentes en plena calle. Su madre contó que antes había sido víctima de bullying en su colegio y que lo había trasladado a otro plantel, informó Diario Ahora. La Policía investiga el caso.
En Lima, el caso del Liceo Naval, donde se investiga una presunta agresión sexual en un bus escolar con adultos a bordo, según Infobae, es para Durand “un tema que debe preocupar a todo el país”. “¿Cómo es posible que ahí están los que deberían cuidar a los niños [...] y no se dan cuenta de los hechos ilícitos que se está dando?”, cuestionó. Sostuvo que el colegio “no dice quiénes son los responsables” y que hay “un grado de complicidad que debe investigar la autoridad”.
La Defensoría dice que seguirá interviniendo para que la cifra “descienda en las estadísticas”. Pero mientras haya colegios que prefieran manejar los casos en reserva, como reconoce el propio Durand, buena parte del bullying en Huánuco seguirá sin aparecer en ninguna.










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