La escena se repite en los partes oficiales. Una lancha de la Marina remonta el Pachitea hasta un recodo de difícil acceso. Los mineros oyen el motor, abandonan la balsa y se pierden entre la vegetación. Los agentes encuentran lo que dejaron atrás: motores, bombas de succión, tuberías, alfombras para atrapar el oro, trajes de buzo y bidones de combustible. Luego lo destruyen todo en el mismo lugar.
Así ocurrió el 13 de julio en Puerto Inca, cuando la Policía y la Fiscalía Ambiental inutilizaron cuatro balsas dragas valorizadas en unos S/ 150 000. Operaban sin inscripción vigente en el Registro Integral de Formalización Minera (REINFO). Ocho días antes, en los caseríos de Yanayacu, Nuevo Trujillo y Trece Tiros, en Yuyapichis, un operativo conjunto había destruido nueve dragas valorizadas en S/ 1,3 millones. En junio, la Marina informó la destrucción de 14 dragas, una excavadora y dos plataformas metálicas. En mayo, en el sector Chonta Isla, cayeron otras tres, junto con equipos de internet satelital Starlink.
Y sin embargo, en agosto había 43.
Lo que vio el satélite
La cifra sale de la plataforma de monitoreo por radar RAMI, de la organización Conservación Amazónica. Analizó imágenes satelitales de agosto del río Pachitea, en los distritos de Puerto Inca y Yuyapichis, y encontró 43 dragas mineras. En el mismo reporte aparecen 22 dragas en el río Cenepa y 17 en el Marañón, ambos en Amazonas. Con 43, el Pachitea concentra más dragas que los dos ríos amazonenses juntos.
"Anteriormente no se había reportado la presencia de minería en el río Pachitea con este nivel de precisión", señaló Conservación Amazónica, según Mongabay Latam. El problema no es nuevo. En febrero, un estudio de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, citado por La República, ya incluía al Pachitea y al Yuyapichis entre los 22 ríos del país afectados por la minería ilegal. Lo nuevo es que ahora se puede contar cuántas dragas hay.
Destruir no basta
El contraste entre las dos cifras obliga a una pregunta incómoda. Si en tres meses se destruyeron más de 25 dragas y un mes después había 43, ¿qué se está logrando? Una draga cuesta en promedio más de S/ 140 000, según el valor que las propias autoridades asignaron a las nueve de julio. Aun así, reponerlas resulta rentable, y eso habla del dinero que mueve el oro del Pachitea. También de quién lo financia, una pregunta que los operativos todavía no responden.
Los partes coinciden en otro detalle: los operadores huyen y casi nunca hay detenidos. Las dragas se destruyen amparadas en el Decreto Legislativo 1100, que permite inutilizar en el acto los equipos de la minería ilegal. Pero la cadena que compra el oro, vende el mercurio y surte el combustible sigue intacta.
Hay además una particularidad que complica la respuesta. En esta zona de Huánuco, los operativos los ejecutan fiscalías ambientales de Ucayali, junto con la Unidad de Control Fluvial Puerto Inca de la Marina. La principal amenaza ambiental de la provincia se persigue desde otra región.
Un río del que viven familias
El Pachitea no es solo un cauce en una imagen satelital. De él dependen las familias ribereñas de Puerto Inca para pescar, beber y moverse. La remoción de sedimentos y el posible uso de mercurio ponen en riesgo ese ecosistema y "la salud de las familias" que viven de él, advirtieron las autoridades durante uno de los operativos.
Ahora el satélite muestra la magnitud del problema con una precisión que antes no existía. Lo que falta es que el Estado pase de destruir dragas a desarmar el negocio que las vuelve a poner en el río.










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