Keny Rosado, La Unión. La intensa granizada que cayó sobre La Unión dejó una imagen tan llamativa como preocupante: el Estadio Julio de la Mata cubierto completamente de blanco, bajo una tormenta eléctrica que sorprendió a vecinos y transeúntes. Pero detrás de la postal inusual hay una realidad menos vistosa y bastante más incómoda. Cada temporada de lluvias vuelve a poner en evidencia un problema que, hasta ahora, la gestión municipal no ha conseguido resolver.
La naturaleza puede ser imprevisible. Una granizada severa no depende de un alcalde, de un funcionario ni de un ingeniero. Lo que sí corresponde a las autoridades es anticipar sus consecuencias, mantener la infraestructura en condiciones adecuadas y responder cuando un problema se vuelve recurrente. Y en el caso del estadio de La Unión, la acumulación de agua durante las lluvias ya no puede tratarse como una sorpresa.
El campo deportivo suele convertirse prácticamente en una piscina cuando las precipitaciones son intensas. Esa situación merece una explicación técnica y, sobre todo, una solución. No basta esperar a que salga el sol para que el agua desaparezca y después olvidar el problema hasta la siguiente tormenta.
Ahí está el punto de fondo
Durante la actual gestión municipal ya han pasado dos ingenieros vinculados a esta responsabilidad, según la información alcanzada a Diario Ahora, y el problema continúa sin una solución visible. Los nombres pueden cambiar, los cargos también, pero el agua sigue acumulándose. Para el ciudadano, esa es finalmente la medida que importa: si una dificultad conocida fue corregida o simplemente administrada hasta que vuelva a presentarse.
También corresponde actuar con responsabilidad al momento de señalar las causas. La persistencia de inundaciones en el estadio genera cuestionamientos sobre la ejecución de la obra y, especialmente, sobre su sistema de drenaje, pero determinar técnicamente dónde está la falla exige una evaluación que no ha sido proporcionada en la información disponible. Lo que sí puede afirmarse es que la repetición del problema justifica respuestas concretas de la municipalidad.
La alerta meteorológica del Senamhi estaba emitida. Las autoridades, además, recordaron medidas preventivas como limpiar canaletas, proteger techos y resguardar bienes. Son recomendaciones necesarias para las familias, pero la prevención también tiene que empezar por las propias instituciones. No resulta coherente pedir al vecino que se prepare para las lluvias mientras una infraestructura pública permanece vulnerable temporada tras temporada.
Un estadio no es solamente una cancha. Es patrimonio público, espacio para el deporte y punto de encuentro de una comunidad. Su mantenimiento y funcionamiento adecuado no deberían depender de soluciones temporales después de cada emergencia.
La granizada terminará derritiéndose. El cielo volverá a despejarse y seguramente las imágenes del Julio de la Mata cubierto de hielo quedarán como una curiosidad de esta jornada. El verdadero problema aparecerá nuevamente cuando llegue otra lluvia fuerte.
La Unión necesita algo más que explicaciones cada vez que el agua cubre el estadio. Necesita saber qué está fallando, quién asumirá la responsabilidad técnica de corregirlo y cuándo habrá una solución definitiva.
Porque la lluvia es inevitable. Que el mismo problema se repita una y otra vez, no.










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