REENCUENTRO

Por: Jacobo Ramírez Mays

¡Profe!, ¡profe!, ¿se acuerda de mí? Voltea, me observa de pies a cabeza y me responde: Tú sabes, sepla, que nosotros los profesores nos recordamos de dos clases de alumno: de los chancones y de los forajidos. Espero que sea por lo primero que me recuerda, profe. Noooo, tú bien sabes; ja, ja, ja.
¿Tienes tiempo? Sí, profe. ¿Qué tal si nos sentamos en unas de estas bancas para conversar un poco? Ya, profe. Mira el cole, imponente como siempre, ¿verdad? Sí, profe. Qué huanuqueño no habrá pasado por estas aulas ¿no? ¡Claro, pe, profe! Sabes, últimamente estoy recordando lo vivido como si fuera ayer. Seplita, creo que la vejez, lejos de facilitar el olvido, como se suele creer, a mí me recuerda todo y con lujo de detalles. ¡Qué bien, profe!
¿Recuerdas cuando todavía no existían supermercados y allá, a la vuelta nomás, llegaba, en el mes de julio, el circo? Por su puesto, pe, profe, cómo no voy a recordar. ¿Y te acuerdas de que cuando no estaba ocupado por una carpa era el lugar de encuentro de los peleanderos? De esos revejidos que, después de golpearse jugando en el recreo o por el solo gusto de probarse quién es más fuerte terminaban retándose con esa famosa palabrita ¡Chócala para la salida! Y así, terminadas las clases, iban ahí y solucionaban sus problemas como machos. ¿Cuántos dientes, cuántas lágrimas, cuántas gotas de sangre habrán manchado ese lugar, verdad?
¿Y tú has peleado ahí? No le contesto. Me mira como antaño. Me doy cuenta de que su mirada sigue siendo la misma, que su sonrisa cachacienta no ha cambiado en nada, solo su cabello negro, ahora es blanco, y las patas de gallo alrededor de sus ojos demuestran que los años han pasado por él dejándole huellas.
Sepla, en esos tiempos se solucionaban las diferencias a puñete limpio. Recuerdas que las mechas eran previos acuerdos. Sí, profe. Recuerdo que cuando los chiuchis se retaban primero ponían reglas. ¿Cómo va a ser la bronca?, preguntaba uno. Que sea puño a puño, respondía el otro; que tal patada y puñete. Ya pues, contestaba el contrincante. ¡Pero nada en suelo, carajo!, aclaraban. Y así se sacaban la mugre. Cuando uno de ellos caía al suelo se paraba la mecha. El ganador era abrazado por sus amigos mientras que el perdedor se levantaba y le daba la mano en señal de conformidad y, cuando se veía que ninguno de los dos ganaba, entonces los boxeadores se daban la mano y con esa palabrita de «parches» se acababa lo bronca.
Ahora no es así, querido alumno. Hoy en día ya no se retan a pelear como en antaño, actualmente se atacan por la espalda, meten «chaira» o cuchillo por cualquier parte y, si uno de ellos vence al otro, el perdedor va a su casa, saca la pistola de su padre y, con uno o dos balazos, se cobra la derrota.
En estos tiempos, seplita, los chiuchis ya no se retan a pelear, ahora se citan, dicen que a fumar un porrito. ¿Sabes lo que es, no? Marihuana, pues. No te me hagas al huevón, pe. Los cojudos esos, a lo macho esperan la hora de salida o el recreo para que se metan sus buenas jaladas, y lo peor es que lo están haciendo dentro de sus mismos colegios. Claro, como ahora el profe y el auxiliar no pueden ni mirar al joven o a la señorita porque si eso hace están abusando del pobre chico, estos forajidos aprovechan y se dan sus grandes voladas a vista y paciencia de aquellos que antes ponían orden.
Pelado, eso no es solo en los colegios particulares y estatales de la ciudad, suénate el moco, calvito, me he enterado que hasta en los colegios de zonas rurales es pan de cada día. Te pregunto ¿dónde estarán los que tienen que ver ese problema?, ¿se habrán enterado ya o se estarán haciendo a los cojudos para no hacer quedar mal a tal o cual colegio? Lo peor, hermano del alma, es que esto se está haciendo como si fuera normal y si no aparece una mano fuerte para que lo detenga, te aseguro que dentro de un tiempo esto va a ser un problema difícil de solucionar.
Ojalá, estimado alumno, los encargados de solucionar estos problemas ponga las barbas en remojo y detengan el avance del consumo de marihuana en los colegios y así poder salvar a la juventud.
Las Pampas, 15 de setiembre de 2016