Primer surco

 Por SkullRubber

Recuerdo con emoción cuando una vecina, luego de escuchar sobre mi naciente afición, le comentó a mi mamá que “en Emaús hay un montón de ellos sobre una mesa”. Al instante le pedí a mi progenitora que me indicase cómo llegar ahí. Traperos de Emaús es una organización benéfica que en Lima recolecta “cachina” y lo vende en algunos locales ubicados en determinados distritos de la capital.

Logré llegar a esa zona que se denomina Ikarus, cerca al terminal pesquero en Villa María del Triunfo, ubiqué el local de Emaús e hice mi cola. Había mucha gente esperando a que abrieran las puertas, a pesar de que sabían que los responsables del lugar lo hacían a las 9:30 de la mañana. Fue muy curioso ver cómo corrían las personas hacia el interior, pues cada día traían “novedades” y obviamente quienes llegasen primero se las compraban y dejaban al resto mirando lo que “no será”.

Corrí llevado por la muchedumbre hacia los espacios donde se acumulaban los objetos. Eran dos galpones en donde todos se peleaban por los trastes: televisores, muebles, juguetes, cuadros, libros, botellas, etc. Fijé la mirada en mi presa y noté que estaban muy bien ordenados sobre una mesa, pero nadie aún se acercaba a ellos: todos estaban solos para mí. Me puse a observar pacientemente uno a uno los tesoros (tal como había aprendido en los libreros de Amazonas del Centro de Lima o en la “cachina” de Pista Nueva en San Juan de Miraflores). Tomé un disco de Tina Charles y empecé a leer la lista de canciones. Ya se habían acercado algunos señores (yo tenía 15 años en ese momento) y uno de ellos, que notó mi curiosidad por el longplay, me lo recomendó: “Es muy bueno, es muy bueno, está bien grabado y tiene varias canciones movidas”. Asentí y recordé que una de las canciones del disco I Love To Love me sonaba a una que vi bailando a Magaly Medina en su programa televisivo. Eran años en donde no tenía acceso a internet y sus beneficios, pero algo entendí de lo que fatalmente cantaba y pretendía bailar la Urraca. Me lo llevé dudando.  

Esta afición nace realmente desde un episodio de la niñez, precisamente cuando vi la película Grease en mi televisor a blanco y negro. Me llamó poderosamente el ritmo de las canciones, el look, los bailes, la voz de Olivia Newton-John, la hermosa Beauty School Dropout, y el auto que se va volando llevándose en él a Sandy y Danny Zuko. Una maravilla. Un tiempo después acompañé a mi abuela Rita a la “cachina” de Grau y Aviación, en La Victoria. Vi a un carretillero que vendía una especie de pósteres grandes en donde pude apreciar en primer plano la palabra Grease. Le pedí a mi abuela que me lo compre, pues estaba a un sol. Ella me dijo que yo no tenía donde escuchar. No entendí nada, solo que el carretillero se iba para siempre con sus discos, que era realmente lo que vendía ese señor.

En otra oportunidad regresamos, ya años después, a ese mismo lugar. Me había olvidado un poco de ese episodio, pero esta vez mi abuela me dio carta blanca para hacer lo que quisiera. Andando de curioso por Aviación, justo por la zona brava, vi varios discos tirados en el suelo. Emocionado, así como cantan en Contigo Perú, empecé a recogerlos. A mi lado, pasó corriendo un tipo y tras de él otro: era la persecución entre ladrón y víctima. Creo que no se dejó robar su billetera y el “choro” no quería perder la presa. Levanté bien la mirada y vi volar una botella de vidrio hacia mí, otra más… salí volando, tirando lo que tenía en manos. Solo me quedé con un pequeño disco de 45 RPM. Se lo conté a la señora Rita quien, obviamente molesta, me gritó y luego nos fuimos. Yo ya tenía un disco de esos que mi mamá usó una vez para hacer sus peinados raros y lo lancé volando por los aires sin saber de su valía. Leyendo un poco e imitando a las viejas victrolas, con un cono de papel, aguja en un extremo y un raro juguete que giraba con un motor, logré hacer girar y sacar apenas algo audible de ese disco de 45RPM. Fue mi primera experiencia auditiva con esos discos antiguos.

Han pasado ya más de 17 años desde ese momento. Ahora mismo tengo varios discos de José José en la mano pues iba a escribir sobre ellos, pero la nostalgia me ganó. A ellos les dedicaré otra entrada, pues esta historia recién comienza.