La transformación del orden económico global bajo la administración Trump ha sido un tema central desde su inicio, marcando un punto de inflexión en la geopolítica moderna. Sus políticas han desafiado las estructuras establecidas durante décadas, impactando las relaciones comerciales y la diplomacia internacional de manera significativa. Este giro ha generado tanto reacciones de apoyo, por aquellos que buscaban una revisión de los acuerdos previos, como críticas por los riesgos que implica para la estabilidad económica mundial.
Según la investigación publicada por The New York Times, el Presidente Trump ha expresado claramente su intención de desmantelar el orden económico global predominante y, tras 100 días en el cargo, ha logrado avances notables en la consecución de este objetivo.
La estrategia de Trump ha incluido la instigación de una guerra comercial, la revocación de tratados internacionales y la sugerencia de que Washington podría no defender a Europa. Estas acciones han estado acompañadas del desmantelamiento de la infraestructura gubernamental que proporcionaba experiencia y conocimiento técnico, elementos cruciales para el funcionamiento de las relaciones internacionales. Es importante recordar que, previamente a estas acciones, el déficit comercial de EE.UU. había alcanzado máximos históricos, generando presiones internas para una renegociación de acuerdos comerciales considerados desfavorables.
Si bien las alteraciones introducidas han sido profundas, el panorama global se mantiene en constante evolución. Las elecciones de mitad de mandato, previstas en un par de años, podrían diluir la mayoría republicana en el Congreso, mientras que el mandato presidencial de Trump, por imperativo constitucional, finalizará en cuatro años. Esto abre la interrogante sobre la posibilidad de que un futuro presidente revierta las decisiones tomadas por la administración Trump.
Como señaló el Cardenal Michael Czerny, estrecho colaborador del Papa Francisco, refiriéndose a la Iglesia Católica: “No hay nada de lo que hayamos hecho en 2.000 años que no pueda deshacerse”. Esta reflexión es aplicable al ámbito de la geopolítica global, donde las transformaciones, por radicales que sean, están sujetas a la dinámica cambiante del poder y las ideologías. No obstante, incluso en esta etapa temprana, historiadores y politólogos coinciden en que ciertas consecuencias derivadas de las políticas de Trump podrían ser difíciles de revertir.
Uno de estos efectos perdurables es la erosión de la confianza en los Estados Unidos, un activo que requirió generaciones para construir. Esta pérdida de confianza, tanto a nivel interno como externo, podría tener implicaciones a largo plazo en la capacidad de liderazgo y la influencia del país en el escenario mundial. Además, factores como el aumento de la desigualdad y la inseguridad económica que impulsaron el movimiento “Make America Great Again” persisten, lo que plantea la preocupación de que “otro Trump” pueda surgir en el futuro, según Ian Goldin, profesor de globalización y desarrollo en la Universidad de Oxford.




