Keny Rosado, La Unión. A propósito de las elecciones presidenciales, el padre Pedro Briceño afirmó que la crisis del Perú no se resolverá únicamente con el relevo de candidatos ni con la renovación de autoridades. Según manifestó, el problema de fondo no radica en los títulos académicos de quienes aspiran al poder, sino en el deterioro de los valores que ordenan la vida pública.
Briceño señaló que la política ha dejado de asumirse como servicio y ha pasado a entenderse como un botín. De acuerdo con su reflexión, esa lógica habría instalado una mirada utilitaria del país, en la que el Estado ya no aparece como una comunidad que debe ser cuidada, sino como un espacio de captura al servicio de intereses particulares.
Esa degradación, según indicó, también habría vaciado de contenido a los partidos. En su diagnóstico, las organizaciones políticas han sido reemplazadas por “clubes electorales” y, en sus formas más extremas, por estructuras que operan con prácticas que él vinculó a la criminalidad. La frase resume una crítica directa al modo en que hoy se organiza la competencia por el poder.
Una advertencia más allá de la coyuntura
La reflexión del sacerdote desplaza el debate electoral de los nombres a las conductas. Según sostuvo, un nuevo Congreso o un nuevo presidente no bastarán si los ciudadanos no modifican su propia relación con el poder, la corrupción y la responsabilidad pública. En ese punto, el énfasis ya no está solo en quién gobierna, sino en la cultura política que sostiene ese resultado.
La advertencia de Briceño introduce así un ángulo de fondo en plena discusión presidencial. Si el problema, como afirmó, es ético antes que técnico, la próxima elección no solo pondrá a prueba a los candidatos, sino también a una ciudadanía que deberá decidir qué tipo de vínculo quiere mantener con la política.










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