La activista y analista política Nury García publicó un artículo en el que defiende el no reconocimiento al gobierno de Keiko Fujimori, pero advierte que esta postura no debe implicar renunciar a la exigencia de derechos y obligaciones del Estado. Según García, la clave está en distinguir entre gobierno —expresión transitoria de una correlación de fuerzas— y Estado, que califica como una arena de disputa constante.
Derechos que no dependen del gobernante de turno
En su texto, compartido el 14 de julio de 2026, García señala que las comunidades seguirán necesitando agua, salud y educación; las víctimas, verdad, justicia y reparaciones; y los pueblos indígenas, consulta y respeto a sus territorios. “Las políticas públicas no son concesiones del gobernante de turno; son derechos conquistados y obligaciones que deben seguir siendo exigidas”, afirma.
La autora plantea que el desafío es mantener una posición de autonomía y rechazo político frente al gobierno, sin abandonar la defensa de aquello que pertenece a toda la sociedad: el Estado y sus responsabilidades. “La cuestión, entonces, no es si nos relacionamos o no con el Estado porque renunciar a ello sería dejar en manos del gobierno la definición de lo que es un bien para todas y todos”, sostiene.
El lenguaje como expresión política
García advierte sobre el cuidado del lenguaje, porque “expresa una relación política”. Como ejemplo, señala que decir “exigimos a Keiko” coloca a la mandataria como fuente de derechos, como si todo dependiera de su voluntad. “Sin querer nos contradecimos porque la legitimamos de algún modo. En vez de esto se trata de afirmar que el Estado tiene obligaciones que no puede dejar de cumplir, sea quien esté de turno. No es un favor lo que pedimos”, precisa.
La analista concluye que no reconocer esta presidencia implica disputar para quién funciona el Estado. “Que parte de sus instituciones hayan sido capturadas no supone abandonar la resistencia para recuperarlas y que no sigan al servicio de intereses privados y del gran capital”, indica.
Finalmente, García plantea que la oposición no puede quedarse en la resistencia, sino que debe orientarse también hacia la realización de otro horizonte y proyecto de país.







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