Benín elige hoy a su nuevo presidente, Romuald Wadagni, en una contienda que, tras un golpe fallido y cambios constitucionales, se percibe más como una coronación que una elección real. El ministro de Finanzas es el gran favorito. Este domingo, la nación de Benín en África Occidental acude a las urnas para una elección presidencial clave, a solo cuatro meses de un intento de golpe. El ministro de Finanzas, Romuald Wadagni, de 49 años, emerge como el indiscutible favorito, tras la salida del presidente Patrice Talon, quien culmina sus dos mandatos de cinco años. Según la investigación publicada por The Guardian , el camino hacia la victoria de Wadagni parece despejado con una eficiencia implacable, ya que otros posibles contendientes fueron discretamente apartados o cooptados. Esta situación, en un país que alguna vez fue un faro democrático, levanta serias preguntas sobre la verdadera competencia en este proceso electoral. Un candidato joven para un futuro estable (¿o controlado?) Romuald Wadagni, el candidato de la coalición gobernante y actual ministro de Finanzas, es la figura central de esta votación. Tras años como tecnócrata en Estados Unidos, habla inglés con fluidez y es ampliamente reconocido como el cerebro detrás de la reciente estabilidad fiscal de Benín. Con 49 años de edad, Wadagni se perfila para ser uno de los líderes más jóvenes del continente africano, donde el promedio de edad presidencial ronda los 65 años. Ha prometido ambiciosos planes como la implementación de la escolarización gratuita y la creación de más empleos, propuestas muy atractivas en un país donde los jóvenes representan más de la mitad de una población que supera los 13.7 millones de habitantes, con una mediana de edad de apenas 20 años y tasas de desempleo juvenil que superan el 20%. ¿Una elección democrática o una "coronación" prefabricada? La narrativa de una "coronación" se fortalece al observar la manera en que Wadagni fue seleccionado. Su candidatura se forjó sin primarias dentro de la coalición, y varios observadores señalan un meticuloso proceso para marginar a otros posibles competidores. Esto se suma a una controvertida enmienda constitucional de 2019 que cambió la duración de los mandatos presidenciales, pasando de dos períodos de cinco años a dos de siete años, lo que podría permitirle gobernar por 14 años. La publicación investigativa Africa Confidential reportó que el camino para la victoria de Wadagni fue despejado con una "eficiencia despiadada", a medida que otros posibles candidatos eran apartados o integrados estratégicamente, dejando pocas opciones reales para los votantes. El declive del espacio cívico en los últimos cinco años La sombra de las "democracias de hombres fuertes" se cierne sobre Benín. Desde el año 2021, la prensa ha enfrentado cierres y la disidencia ha sido penalizada. Hugues Sossoukpè, periodista exiliado, fue detenido en julio del año pasado por agentes benineses y etiquetado como "ciberactivista peligroso", un claro indicio de la represión. Amnistía Internacional ha denunciado el continuo encogimiento del espacio cívico en el país, señalando ataques a medios independientes y arrestos arbitrarios por disentir. ¿Un "hombre fuerte" deja paso a otro, a pesar del desarrollo económico? El presidente saliente, Patrice Talon, un empresario que llegó al poder en 2016, es una figura compleja. Aunque se le atribuye una notable estabilidad fiscal y un crecimiento económico promedio del 6% anual en los últimos 7 años, con inversiones importantes en infraestructura como el puerto de Cotonú, sus críticos lo acusan de aplastar la disidencia y centralizar el poder. El descontento, que se extendió hasta algunas tropas, culminó en un intento de golpe militar en diciembre de 2023, apenas cuatro meses antes de estas elecciones. Aunque las razones exactas del levantamiento son multifacéticas, muchos creen que la preocupación por el aumento de los ataques yihadistas en las fronteras con Burkina Faso, Níger y Nigeria, que comparten más de 1.000 kilómetros de frontera con Benín, jugó un papel crucial. Esta situación subraya una peligrosa tendencia regional, donde al menos tres de los vecinos de Benín son gobernados por juntas militares, aunque Benín fue considerado durante la década de 1990 como un modelo de transición democrática. Reformas técnicas y financieras que reconfiguraron el tablero político La era Talon, con Wadagni como arquitecto financiero clave, ha visto una modernización económica significativa. El PIB per cápita ha crecido hasta los 1.400 dólares anuales, y las exportaciones de algodón, el principal producto agrícola del país, se han incrementado en un 30% en los últimos 3 años. Sin embargo, estas mejoras se han entrelazado con reformas electorales que han sido vistas como un obstáculo para la pluralidad política. En 2024, el parlamento elevó los umbrales para la candidatura: ahora, los partidos necesitan al menos el 10% de los votos para asegurar escaños y un aspirante presidencial debe ser