Un mecánico de 45 años fue encontrado sin vida en inmediaciones de la vía Puerto Ene–Valle Esmeralda, en el sector Nuevo Amanecer, distrito de Río Tambo, provincia de Satipo, en el VRAEM. La víctima fue identificada como Eric Quijada Pacori.
El hallazgo ocurrió el 23 de setiembre y generó preocupación entre familiares y pobladores de la zona, según información preliminar difundida por medios locales.
De acuerdo con los primeros reportes, el cuerpo presentaba lesiones que serían compatibles con un objeto punzocortante y un impacto de arma de fuego. Cerca del lugar también fueron encontrados un vehículo menor de color blanco y un puñal.
Tras las diligencias iniciales, el cuerpo de Quijada Pacori fue trasladado a la Morgue de Pichari, donde se realizaron los procedimientos correspondientes, entre ellos la necropsia.
Las autoridades iniciaron las investigaciones para establecer cómo ocurrieron los hechos, determinar las circunstancias de la muerte e identificar a los responsables. Hasta el momento no se ha informado sobre detenciones relacionadas con el caso.
Antecedentes de violencia en la zona del VRAEM
El distrito de Río Tambo, en la provincia de Satipo, forma parte del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), una zona donde el narcotráfico mantiene presencia documentada desde hace años.
Un informe de Amazon Watch, el Instituto del Bien Común (IBC), la Organización Regional Aidesep (ORAU) y la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), difundido en 2025, señala que el narcotráfico está presente en territorios de 274 comunidades indígenas, cerca del 10 % de las comunidades amazónicas registradas en el país según el censo de 2017. El crimen organizado también alcanza a cuatro reservas para pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV) en las regiones amazónicas de Loreto, Junín, Ucayali, Amazonas, Huánuco y Cusco.
El estudio también reporta que las comunidades nativas con mayor presencia de cultivo de coca se encuentran en la región Junín, específicamente en las provincias de Satipo y Río Tambo.
Según el mismo informe, desde 2020 se registraron 27 líderes indígenas y defensores ambientales asesinados en ocho regiones de la Amazonía peruana, de los cuales 17 habrían sido responsabilidad del narcotráfico.
"Es un martillazo que reciben los pueblos indígenas amazónicos de un Estado indolente, que no ha sido capaz de responder a sus problemas", dijo Ricardo Soberón, ex presidente ejecutivo de Devida y autor del informe.
El documento también advierte sobre un proceso de "amazonización del narcotráfico" desde 2010, con un desplazamiento de la producción de coca desde los Andes hacia la Amazonía baja. Según el estudio, el país pasó de tres cuencas cocaleras en el año 2000 a 19 en la actualidad, y la producción de cocaína a nivel mundial alcanza las 2700 toneladas al año.
Las rutas de salida de la droga
El reporte identifica cuatro rutas de salida de la droga en la Amazonía peruana, ubicadas en las regiones de Amazonas, Loreto, Ucayali y Madre de Dios. Desde esos corredores el estupefaciente llega a países limítrofes y, posteriormente, sería enviado a mercados de Estados Unidos y Europa.
Sobre la presión que enfrentan las comunidades, Soberón agregó que "la resistencia, entonces, les cuesta muerte, amenazas, violación de sus derechos, penetración de sus estructuras comunales y un creciente debilitamiento de su organización".
El informe cuestiona además las políticas públicas y los programas de erradicación de coca, a los que describe como "estrategias o planes rimbombantes, pero ineficientes, que no han producido un efecto sostenido en materia de desarrollo rural".










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