Otras empresas buscan alivio arancelario tras el perdón de Trump a Apple

La política de aranceles impuesta por la administración Trump generó un terremoto en el comercio internacional y una ola de presiones internas sin precedentes. La promesa inicial de aplicar aranceles de forma generalizada pronto se vio erosionada por excepciones estratégicas, desencadenando una lucha encarnizada entre las empresas por obtener alivio fiscal.

Según la investigación publicada por The New York Times, la amenaza de gravar fuertemente los iPhones llevó a Tim Cook, director ejecutivo de Apple, a contactar directamente a la Casa Blanca. Esta gestión resultó en una exención para Apple y, en extensión, para una porción significativa de la industria electrónica.

La decisión de eximir a Apple del pago de aranceles, pese a las declaraciones iniciales sobre la aplicación universal de los mismos, provocó una reacción en cadena. Numerosas empresas de diversos sectores, desde la agricultura hasta la manufactura, pasando por la construcción y el comercio minorista, comenzaron a presionar a la administración Trump para obtener un trato similar.

El argumento central de estas empresas era que ciertos productos y componentes eran, o bien demasiado costosos de producir en Estados Unidos, o simplemente no estaban disponibles en el mercado interno. Esta dependencia de las importaciones, unida a la amenaza de aranceles punitivos, planteaba serias dudas sobre la competitividad de las empresas estadounidenses y el potencial aumento de precios para los consumidores.

Ejecutivos de grandes minoristas como Home Depot, Target y Walmart se reunieron directamente con el entonces presidente Trump para expresar su preocupación por el impacto de los aranceles en sus negocios y en los bolsillos de los consumidores. La industria minorista, consciente de la sensibilidad de los precios para el consumidor, temía que los aranceles se tradujeran en una disminución de las ventas y un perjuicio para la economía.

En un comunicado posterior a la reunión, Jim Joice, portavoz de Target, describió la conversación con el presidente Trump como “productiva” y reafirmó el compromiso de la empresa de “ofrecer valor a los consumidores estadounidenses”. Doug McMillon, director ejecutivo de Walmart, ya había advertido sobre las “variables” que rodeaban los aranceles y su posible impacto en los precios al consumidor.

Más allá de las declaraciones públicas, la situación generó una gran incertidumbre en el mercado. Las empresas se vieron obligadas a reevaluar sus cadenas de suministro, a buscar alternativas de producción y a prepararse para un posible aumento de los costos. La guerra comercial global, iniciada por la administración Trump, había llegado a las puertas de la economía doméstica, planteando serios desafíos para las empresas y los consumidores estadounidenses.