Por Dustin Rubina Montoya
Dejé de ser creyente a los 16 años. Buena parte de mi niñez y adolescencia fue la de un niño devoto, a quien cosas como las ideas de Dios o la religión eran temas que le interesaban mucho. Incluso en algún momento la idea de ser sacerdote pasó por mi cabeza y hasta incluso el ser evangélico o protestante también fue una opción en cierto punto. Eso sí, con las lecturas y las experiencias de vida, cada vez me resultaba más ajena y aterradora la idea de un ser omnipotente y omnipresente capaz de saber todo lo que sentimos y pensamos. Ahora, a mis casi 30 años, puedo volver a decir que soy creyente o, por lo menos, deísta. Eso sí, hay algo que no ha cambiado y eso es mi repudio al fanatismo religioso.
Los atentados del 11 de septiembre, así como las sucesivas guerras y conflictos en Medio Oriente, específicamente en la Palestina ocupada, para mí siempre representaron una gran incógnita. Como la tierra por donde camino y predico su palabra, Jesús, el Mesías hijo de Dios, es ahora y desde hace muchas décadas un lugar tan lleno de violencia y muerte. Cómo una tierra que desde niños nos enseñaron que era santa alberga tanta violencia y sufrimiento. Con el tiempo entendí que esa fe que nos enseñaron desde chicos no era la única que existía en el mundo y que había niños como nosotros que, a diferencia de ir al colegio, vivían entre el fuego y los escombros.
Ahora, en la actual coyuntura de la guerra que enfrenta a Irán contra Estados Unidos e Israel, es menester hablar de un tema del que no se difunde mucho en los medios y que ha empezado a cobrar algo de relevancia, sobre todo cuando, fuera de los elementos geopolíticos y económicos, hay un trasfondo religioso que empieza a verse en la superficie. Para quienes no lo sepan, Jerusalén es el centro neurálgico de las 3 religiones más grandes del mundo. Estoy hablando, por supuesto, del judaísmo, el cristianismo y el islam, cada uno de ellos con sus lugares sagrados y su propia escatología del fin del mundo.
Para quienes no conozcan el término, la escatología es en esencia una rama de la teología que explora y analiza el fin de los tiempos desde una perspectiva religiosa. En este caso, los cristianos esperan la segunda venida de Cristo, los judíos la llegada del Mesías y los musulmanes, el advenimiento del Mahdi, acompañado del regreso de Mahoma y de Jesús. En este caso, la ciudad sagrada de Jerusalén, como habíamos mencionado antes, alberga los lugares sagrados de cada religión. En el caso de los cristianos es la Iglesia del Santo Sepulcro, en el caso del islam es la mezquita de Al-Aqsa y los judíos tienen el Muro de los Lamentos, único vestigio de lo que fue el segundo templo.
Dentro de la historia del pueblo judío, existieron dos templos que fueron el centro de su vida religiosa y en donde se hacían ritos y sacrificios animales. En el caso del primer templo, este fue construido por el rey Salomón y posteriormente destruido por los babilonios en el año 587-586 a.C. bajo el mandato del rey Nabucodonosor II, hecho que marcó el primer exilio del pueblo judío a Babilonia. El segundo templo, construido por Zorobabel y ampliado por Herodes I el Grande, fue destruido por Tito, hijo del emperador Vespasiano, durante la Primera Guerra Judeo-Romana, quedando como único vestigio el Muro de los Lamentos. Cabe destacar que, una vez destruido este símbolo religioso, se puso fin al Israel bíblico, hecho que terminó de consumarse con la fallida rebelión de Bar Kojba y su posterior exilio.
Con este conocimiento previo empieza quizás una de las confusiones más comunes, y es que muchas iglesias evangélicas y protestantes se han convertido actualmente en uno de los aliados y financistas más generosos del actual estado de Israel, considerando a este país fundado en 1948 como el pueblo escogido de Dios y justificando monstruosidades como el genocidio del pueblo palestino. A este tipo de corriente, conocida como dispensacionalismo, se le suma la creencia judía de que, con la destrucción de la mezquita de Al-Aqsa y la construcción del Tercer Templo de Jerusalén, regresará finalmente el mesías judío. Eso sí, para aclarar este último punto, existen corrientes judío ortodoxas que desaprueban al Estado de Israel, como es el caso del Neturei Karta, que la considera contraria a las enseñanzas de la Tora y que han mostrado solidaridad en favor del pueblo palestino.
Ahora, muchos integrantes del partido Likud, que actualmente manejan el estado sionista de Israel, tienen a figuras radicales y psicopáticas como Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, que han expresado públicamente su deseo de construir este templo. Cabe destacar que incluso las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevan parches en su uniforme militar haciendo alusión a este deseo. Asimismo, figuras prominentes del gobierno del presidente Donald Trump, como su secretario de guerra Pete Hegseth, han hablado públicamente de este tema respaldando la propuesta, habiendo testimonios incluso de soldados norteamericanos a los que se les dice que están luchando la guerra del fin del mundo. Hace un tiempo han venido ya circulando rumores a nivel periodístico que hablan sobre la construcción de túneles debajo de la mezquita Al-Aqsa con el objetivo de destruirla y echarle la culpa al gobierno iraní, desatando una crisis más intensa en el plano religioso y dando el primer paso a la construcción del nuevo templo.
En este último tiempo, el tirano naranja del norte se ha rodeado de este tipo de lunáticos que parecen desear en lo más profundo de su ser el llevar al mundo a un escenario nuclear sin vuelta atrás. Basta con ver las declaraciones de Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, comparando a Trump con el expresidente Harry S. Truman (ese que mando bombas atómicas a Hiroshima y Nagasaki) o la actual guía espiritual de Trump, la pastora evangélica Paula White-Cain, que pide abiertamente a sus fieles donar su dinero a Israel y que seguramente reconoceremos más fácilmente por esa foto ridícula en donde varios pastores imponen sus manos sobre Donald Trump como si de un enviado de Dios se tratara. Y claro, gran favor hace que el dinero del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC) financie tanto a demócratas como republicanos en favor de los intereses de Israel.
Al momento de publicarse este artículo, estaremos en pleno Miércoles Santo y una de las noticias que ha marcado el inicio de la Semana Santa 2026 ha sido la decisión del gobierno de Israel de no permitir la misa de Domingo de Ramos, prohibiendo el ingreso del patriarca de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, en una clara violación de la libertad religiosa, hecho que fue condenado por el Papa León XIV. Como católico bautizado desde niño y creyente de la libertad de culto, esto solo es una muestra más de como un gobierno podrido como el de Benjamín Netanyahu, ahogado por sus procesos por corrupción y crímenes contra la humanidad, se escuda en la opresión de un pueblo heroico que ha resistido, pese a los delirios de un grupo de evangélicos judeo-sionistas que creen que con la llegada de un nuevo templo, tendrán su paraíso terrenal cuando lo que realmente se merecen es la prisión tanto física como mental de desear sumir al mundo entero a un escenario apocalíptico que puede, tranquilamente, llegar a ser nuclear.










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