Por Dustin Rubina Montoya Pu Yi, el último emperador de China, luego de haber pasado relativamente al olvido después de haber sido depuesto de su trono, fue el títere que usaron los japoneses al momento de nombrarlo como emperador del estado títere de Manchukuo o conocido también como Manchuria, ubicado en el noreste chino durante la Segunda Guerra Mundial. Puyi, en su ingenuidad, pensaba realmente que sus decisiones eran soberanas, aunque más temprano que tarde se dio cuenta de que era solo una marioneta cuyo cargo era simplemente simbólico. Para quienes quieran conocer en algo su historia, los invito a hacerlo a través de la película del director italiano Bernardo Bertolucci de nombre: “El último emperador de China”. El término “Candidato de Manchuria”, por su parte, es algo así como una especie de político o figura pública manipulada mentalmente para ser servil a ciertos intereses. Algo así como un agente durmiente programado para obedecer y cuya voluntad es puesta en duda. En este caso, hay dos películas que llevan este mismo título y que están inspiradas en la novela de Richard Condon que no he tenido el gusto de leer. La primera película, del director John Frankenheimer y que cuenta con la presencia de Frank Sinatra, está ambientada en la Guerra Fría y nos habla de un soldado manipulado mentalmente por los coreanos; y la segunda, dirigida por Jonathan Demme, ambientada en la guerra del Golfo, con una gran actuación de Denzel Washington, nos presenta a un soldado manipulado por una corporación de nombre Manchurian Global que busca poner a un títere como presidente de los Estados Unidos. Ahora, con todo este contexto previo, podemos decir que a nada ya de las elecciones presidenciales en el Perú, estamos a la espera de otro candidato de Manchuria en palacio y es que, en mi opinión, los últimos ocupantes de palacio de gobierno no han sido ni más ni menos que títeres, ya sea controlados por el poder económico corporativo o por el poder político del congreso, que luego de una controversial disolución en el año 2019, busco la manera de convertirse en el primer poder rompiendo el modelo presidencialista que tuvo nuestro país en estos últimos años y convirtiéndonos en un modelo parlamentario a la española, en donde, por ejemplo, para que un presidente tome el mando, necesita tener mayoría en el congreso. Ahora, si tuviéramos que retroceder en el tiempo, el primer prospecto de candidato de Manchuria fue el expresidente Pedro Pablo Kuczynski, conocido lobista de antaño, con grandes vínculos con la política norteamericana y que en el año 2016 fue vendido por varios medios de comunicación, la gran parte de ellos miembros de la concentración de medios serviles a la clase empresarial, como el único capaz de derrotar a la extrema derecha de Keiko Fujimori en una segunda vuelta. Nadie parecía acordarse de que en 2011 ambos se posicionaron juntos durante la segunda vuelta en contra de Ollanta Humala. Al final, atrapado por el revanchismo de la candidata de Fuerza Popular y luego de indultar irregularmente al tirano de Alberto Fujimori, su presidencia acabó con una más que humillante renuncia. Posterior a este primer triste ejemplo, tenemos el de Manuel Merino de Lama, títeres, en este caso, del poder político emanado de un congreso de transición que sucedía a la mayoría fujimorista que fue cerrada de manera constitucional por el expresidente Martín Vizcarra. Esta, de mayoría acciopopulista, ciertamente no iba a permitir que un gobierno, aunque nefasto en varios aspectos, pero popular como el de Vizcarra, volviera a ponerlo en jaque. Por eso, ni tontos ni perezosos, en plena pandemia mundial, se bajaron a un presidente y colocaron a un títere en su lugar con cero carisma y expresión popular. Luego de ello y con una movilización masiva de las clases medias que dejó un saldo de 2 jóvenes muertos por la represión, acabó por renunciar luego de 5 días de agonía e impopularidad. Posterior a ello nos llega quizás el ejemplo más triste y abyecto de estos presidentes títeres, y estoy hablando ni más ni menos del gobierno de Dina Boluarte, sucesora constitucional, pero