ODA A HUÁNUCO

Escrito Por: Arlindo Luciano Guillermo

Ronald Mondragón Linares, poeta cuajado en la lectura, la crítica, la exploración temática y estilística y la creación literaria persistente, en los 482 años de fundación española de Huánuco, le hizo un extraordinario obsequio como hijo agradecido (no siendo huanuqueño de nacimiento): Oda a Huánuco (Ediciones Condorpasa, 2021. Págs. 78), que contiene 24 poemas de versos compendiosos, de imágenes relucientes, henchidos de emoción, gratitud, admiración, de desmedida exaltación de personajes, estampas tradicionales, flora, fauna, referentes históricos de gran significación de la cultura e historia huanuqueñas. No hay registro integral y globalizador de Huánuco, pero sí está un muestrario suficiente y necesario para admirar y aquilatar la grandeza de Huánuco.  

Hay algunos antecedentes de poesía con Huánuco como tema y referencia central: Revelación de Kotosh (1964) de Esteban Pavletich, “intenso poema alegórico de corte histórico y antropológico” de 389 versos”; León despierta (1975) y Caminos para el León (1976) de Teresa González de Ruiz, son un “acervo cultural histórico, folklórico, turístico, etc. de Huánuco tradicional y de la problemática de principios de la década del 70”. Esta información se consigna en el libro Antología huanuqueña. Poesía, Siglo XX. Tomo II (1992), prólogo, selección y notas de Andrés Cloud Cortez. La primera en noticiar a Huánuco, en el siglo XVII, es Amarilis (María de Rojas y Garay) en la silva 9 de Epístola a Belardo: “Aquí, en un valle ameno  /  de tantos bienes y delicias lleno,  /  que siempre es primavera   /  merced del dueño de la cuarta esfera,  /  la ciudad de León fue edificada  /  y, con hado dichoso  /  quedó de héroes fortísimos poblada”.    

Samuel Cárdich hace alusiones a Huánuco en el poemario La mella del tiempo; Andrés Jara Maylle exalta las bondades de Huánuco (“el amor de sus amores”) en Bajo el mismo cielo donde admira con versos de intenso lirismo el cielo eternamente azul. El primer puesto del concurso I Premio Regional de Poesía Samuel Cárdich titula Kotosh, escrito por el poeta Alex Mejía León. Es en las canciones donde Huánuco tiene relevancia y festividad: Yo soy un Pillcomozo (Isaac Villanueva Coz), Huánuco viejo (Roel Tarazona Padilla) Canción de cal y canto (Alejandro Acosta Ojeda), Huánuco primaveral (Abel Gómez Leiva), Las piedras del calicanto (Alicio Luciano Chepe), etc.

Oda a Huánuco aborda temas y referentes que corresponden, precisamente, a Huánuco, pueblo que, en 18 años, cumplirá el quinto centenario de fundación española. (Espero estar vivo para dicha efeméride). El libro empieza con una exaltación encomiástica de Huánuco y culmina con un diálogo telescópico, cuyo formato lírico procede del Cantar de los cantares donde los interlocutores son el vigilante Pillcomozo (Huánuco) y la reposada Bella Durmiente (Tingo María). De Huánuco dice el poeta: “No he conocido la perfecta primavera  /  más que en tu cuerpo, Huánuco, de luminosa  /  geografía: sobre tu río avisado  /  por los árboles de las orillas,  /  en el iris celeste de tu cielo,  /  sobre tus altos cerros, en tu boca de fruta,  /  en tu horizonte de plata cuando amanece”. (Págs. 14). Dice la Bella Durmiente: “Esposo de mi vida y de mi alma,  /  amado mío,  /  el vino de tus besos  /  me trajo hasta aquí…” Responde el Pillcomozo: “Amada mía, esposa mía,  /  puse en alto mi nombre  /  y mi espada…” (Pág. 75). Luego viene una retahíla de odas emotivas y de encendidos elogios, reivindicaciones y admiración, pero también un sentimiento de pertenencia y gratitud porque el poeta, que asume la primera persona, se siente “hijo de Huánuco”, a pesar de ser un piurano. Se enaltece al viento y al sol de Huánuco (ciudad de los vientos y primavera eterna), al enhiesto eucalipto y al coposo molle, a la taruca (“Yo veo  /  en tus ojos, a través  /  de tus ojos, /  más allá de la luna  /  y las estrellas”.), al emblemático puente Calicanto (“Semejas, más que un puente,  /  un barco de piedra  /  que se convierte en aire…”), la pintoresca Tomayquichua y la danza de Los Negritos; además exalta con frases apositivas, metáforas certeras y símiles atinados, los méritos públicos, la trascendencia histórica y virtudes cívicas de personajes notables de Huánuco; destaca el rol modernizador y de animación de los “Tres en Raya” (Cárdich, Cloud y Malpartida). El poema “Kotosh” (59 versos concisos) adquiere, en la poesía de Ronald Mondragón, un tono reivindicativo e inquisitivo, siempre tomando en cuenta a Esteban Pavletich y Revelación de Kotosh: “Cuántos siglos  /  no pueden llevarse todavía  /  el polvo olvidado  /  de los huesos!  /  Cuánta lluvia cayó  /  solo para ver crecer  /  tu armadura de fuego  /  natural, tus muros vivos  /  como murallas vegetales!”                     

Trovadores y poetas han cantado, con emoción, efusividad e idealización (“paraíso climático” y “mujeres de belleza sin parangón”, por ejemplo) a Huánuco. La novedad literaria del poemario de Ronald Mondragón es el uso de la oda de aliento poético sostenido y el afán totalizador de la historia y cultura huanuqueñas, con un discurso literario pertinente, de ritmo firme, con claras convicciones sobre el referente y la valentía para la valoración sincera de personajes huanuqueños. La mesura entre la subjetividad del poeta, la elección del referente concreto, el verso lírico, la claridad del lenguaje que comunica acertadamente y el tono épico hacen de Oda a Huánuco un poemario de relevancia, categoría y apertura de otras posibilidades temáticas. En 1951, Pablo Neruda publicó Canto general, un monumental poemario épico-lírico donde la historia y la geografía americanas son el soporte temático, junto a las convicciones políticas y la protesta social. Oda a Huánuco es un gran punto de partida y un desafío para el parnaso local.