Resultaría irrisorio cualquier proyecto en torno al mundo artístico hecho por un legislativo que se desentiende de la cultura, que no lee ni consume arte; pero la Ley N° 32645 busca, a toda costa, incrementar la persecución de artistas en el Perú, pues en el primer artículo de dicha ley se señala: «Se crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú (CPAP) (…) integrado por los profesionales egresados de las escuelas superiores de formación artística, institutos o universidades en las especialidades de artes (…)». Empero, se debe especificar que un Colegio Profesional es una asociación OFICIAL que agrupa a personas que ejercen una misma disciplina, cuya función primordial es “regular” el ejercicio de dicha carrera. Por “regular” se hace referencia a fiscalizar, controlar y, por ende, perseguir a aquellos que no se sujetan a lo impuesto por dicho Colegio Profesional, porque son considerados “ilegales”. Observemos que quienes fiscalizarán o “regularán” el ejercicio artístico serán solo aquellos que tuvieron la “dicha” de cursar estudios en universidades y en centros superiores de “arte”, cuyos costos son excesivamente elevados. Esto, obviamente, complementa el plan vil de desarticular cualquier movimiento que sea contestatario; con esta ley tienen un amparo para perseguir a artistas populares, librepensadores, contestatarios, anarquistas, revolucionarios y/o socialistas como parte de la política fascista en ciernes que despliegan las potencias mundiales. Esto queda más que claro en el Artículo 2, inciso “a” de dicha ley, cuando se enfatiza que, entre sus funciones, el Colegio Profesional de Artistas «ordenará y supervisará el ejercicio profesional de las disciplinas artísticas».
Esta ley constituye un hito histórico para violentar la libertad de expresión y la libertad del arte, pues no se ha visto hasta hoy un “Colegio Profesional de Artistas”, ni siquiera en la URSS ni en la China socialista a quienes, nuestros “buenos” congresistas, tienden a tildar de “dictaduras del pasado” solo porque les pica la lengua. Esto es, pues, un grave atentado contra la libertad de opinión, el libre pensar, la libertad de expresión y el derecho a la reunión voluntaria. No nos dejemos llevar por nuestras emociones y sigamos analizando este remedo de Ley antidemocrática en todos sus sentidos. En el Artículo 1 se menciona también que «Su sede principal está en la ciudad de Lima, pudiendo establecer sedes regionales, conforme lo disponga su estatuto» (1.2.). Así que los “artistas” de Lima, entre comillas, subordinarán a los artistas de provincia, porque tienen la potestad de ampliar sedes según vean conveniente. Y no, no nos refugiaremos en la cuestión racial; es netamente clasista la decisión que se impone aquí. Es menester acallar voces de los artistas de provincia, porque ahí supervive una considerable cantidad de voces contestatarias e innovadoras; además, a nuestros gobernantes les resulta indispensable vanagloriar con mayor descaro a quienes se supediten a las decisiones de dicho Colegio Profesional dirigido por limeños de alta alcurnia, asegurando así —lo que Mariátegui ya criticaba— «un arte que corteje y adule su gusto mediocre»
Si bien es cierto que esta persecución por parte de la burguesía internacional se concreta incluso sin ningún Colegio Profesional, en el Perú se llega al colmo del descaro al crear dicho Colegio Profesional de Artistas. Mariátegui decía: «La burguesía quiere del artista un arte que corteje y adule su gusto mediocre. Quiere, en todo caso, un arte consagrado por sus peritos y tasadores. La obra de arte no tiene, en el mercado burgués, un valor intrínseco sino un valor fiduciario. Los artistas más puros no son casi nunca los mejor cotizados». En el Perú, no solo no proporcionarán apoyo a los artistas o no solo los marginarán con sus “peritos” y “tasadores”, sino que les están imponiendo un ultimátum: O te sujetas a las decisiones del Colegio Profesional o desistes de hacer cualquier arte o serás perseguido legalmente —Saben nuestros artistas que hay otro camino más: luchar y resistir. Tratan de mutilar el árbol desde la raíz antes de que crezca; tratan de mutilar el genio antes de darse a conocer.
Los artistas no reciben apoyo hoy en día, salvo que se tornen mediocres aduladores del sistema y de sus representantes, pero el asunto empeora con la creación de dicho colegio. Recordemos que los que pueden integrar el Colegio Profesional de Artistas son solo personas que tengan título profesional de “artistas” (aunque no sean realmente artistas) y entre ellos formarán un Consejo Directivo que tendrá, entre una de sus atribuciones —según el artículo 6, inciso “a” de la ley— «Representar oficialmente al Colegio Profesional de Artistas», lo que se presta a suspicacias. Si ya se enviaban a personalidades con alguna obra de baja monta en su haber o a artistas que carecían de una mínima calidad artística con todo pagado a Ferias Internacionales y a otros eventos de igual repercusión, mientras se hundía en la marginación a miles de artistas, solo basta imaginar lo que sucederá, a partir de ahora, con el CPAP. Si ya se ubicaba en el ministerio de cultura a personajes totalmente ajenos al arte y la cultura, imaginemos ahora con toda la legalidad que concede la ley de nuestros rapazuelos.
Esta actitud es comparable solamente con la de las autoridades del medievalismo, pero nuestros gobernantes son solo un remedo simplón de aquellas; unas simples caricaturas que intentan demostrar ante la opinión pública cierta capacidad mental, pero siempre terminan hundiéndose y fabricando reverendas estulticias. Lo comparamos con el medievalismo en el sentido de que la Iglesia católica ejercía el dominio y el poder sobre todo lo que se movía, incluyendo sobre los artistas; los que no se sujetaban a sus leyes y mandatos eran perseguidos y, si lograban atrapar los, los quemaban vivos o los sometían a “tratamientos correctivos”. Hoy, existe persecución, asesinatos y encarcelamiento de artistas por causas de opinión, política e ideas: con Colegios Profesionales (perdón, solo es un colegio profesional) habrá sustento legal para hacerlo.










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