Donald Trump se ha convertido en un problema político para varios partidos de extrema derecha en Europa, que durante años lo presentaron como referente ideológico y símbolo de confrontación contra el establishment. Un análisis publicado este 19 de abril por El País sostiene que esa cercanía dejó de ser rentable.
Según ese reporte, el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025 alteró el cálculo de fuerzas que antes buscaban legitimarse con su respaldo. La guerra en Irán, los choques con socios europeos y sus propuestas más agresivas han hecho que algunos aliados lo vean como un lastre.
El diario español mencionó que dirigentes como Giorgia Meloni, Alice Weidel y Jordan Bardella moderan sus gestos de afinidad, mientras partidos que antes celebraban el trumpismo intentan concentrarse en agendas nacionales. La lógica es pragmática: en una Europa más sensible a la seguridad y a la economía, la imagen de Washington puede restar que sumar.
Bloomberg ya había advertido días antes que la derrota de Viktor Orbán en Hungría empujó a sectores ultras a revisar el costo de aparecer demasiado ligados a Trump. Ese antecedente reforzó la idea de que la proximidad con el presidente estadounidense puede movilizar rechazo, incluso entre votantes conservadores.
Aunque Vox y otros actores mantienen puentes con la Casa Blanca, el clima político europeo parece menos dispuesto a convertir esa relación en ventaja electoral. El fenómeno muestra que la influencia de Trump fuera de Estados Unidos ya no opera con la misma fuerza automática de otros años.










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