Hemos expuesto reiteradamente por qué no debemos sumarnos a la farsa electoral ni, ahora, a la campaña del “mal menor” y se nos ha acusado de radicales; lo cual no está nada mal. Sin embargo, han obviado los discursos que alardean de ser “ultraradicales” y planean ciertos hechos absurdos sobre tomar el poder de golpe, sin reparar en nada, acusándonos a nosotros de seguirle el juego al capitalismo; peor aún, hay quienes azuzan a tomar los recursos naturales del país (como si eso fuese posible sin primero conquistar el poder político) o las riquezas naturales, cayendo en un economicismo tan simplón y vulgar. Para contradecir el último postulado de apoderarse solo de los recursos naturales y con ello aspirar a controlarlo todo, como si los dueños de esos recursos fueran a quedarse observando cómo se los arrebatan sin mover un solo dedo pese a tener el poder político, basta con citar a Lenin (1997) «Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la inmensa mayoría del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para suprimir completamente toda explotación, es decir, en interés de la inmensa mayoría del pueblo contra una minoría insignificante compuesta por los esclavistas modernos» (p. 47). En consecuencia, no basta con tomar por asalto los recursos naturales o las riquezas naturales; si fuese así de fácil, los viejos bandidos, a lo Robin Hood, hubiesen cambiado ya el país. ¡Es necesario el poder político!
Por otro lado, existe la postura de tomar el poder político como ha de lugar, sin tener en cuenta las condiciones necesarias para tal salto cualitativo. Hay quienes pregonan que las masas no deben avanzar más en su educación porque ya se educaron al atacar instituciones propias del sistema y no reparan en que, aparte de haber sido golpeadas por la brutalidad del Estado, no se produjo aún un salto cualitativo y que, a la larga, asaltos como estos en las que las masas son las que pierden a sus mejores elementos terminan sometiendo en un pesimismo soporífico si no va aunado a un proyecto más grande y contundente. Los mismos que hablan de ello, temen marchar hacia una Asamblea Constituyente con amplia participación Popular porque no son capaces de organizar ningún movimiento político que esté a la altura de participar en dicha asamblea y se escudan en que la transformación debe darse de una vez y de manera apocalíptica, utilizando incluso a Vladimir Ilich, Lenin, como coraza. El materialismo dialéctico nos impele a partir de la realidad concreta; por ende, la pregunta que salta a la vista es si existen o no las condiciones necesarias para que estalle la revolución social y la clase trabajadora pueda tomar el poder en sus manos. Para ello, debemos recordar los tres síntomas que caracterizan una situación revolucionaria indicados por Lenin en la “Bancarrota de la II Internacional”, capítulo II: «1) cuando es imposible para las clases gobernantes mantener su dominación sin ningún cambio; cuando hay una crisis, en una u otra forma, entre las “clases altas”, una crisis en la política de la clase dominante, que abre una hendidura por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no basta, por lo general, que “los de abajo no quieran” vivir como antes, sino que también es necesario que “los de arriba no puedan vivir” como hasta entonces; 2) cuando los sufrimientos y las necesidades de las clases oprimidas se han hecho más agudos que habitualmente; 3) cuando, como consecuencia de las causas mencionadas, hay una considerable intensificación de la actividad de las masas, las cuales en tiempos “pacíficos” se dejan expoliar sin quejas, pero que en tiempos agitados son compelidas, tanto por todas las circunstancias de la crisis como por las mismas “clases altas”, a la acción histórica independiente» (s.p.). Estos tres síntomas son evidentes en la realidad peruana: 1) Hay crisis política en los de arriba: Las dos grandes burguesías se desuellan mutuamente y no han podido establecer un equilibro, denotando su estado corrupto y demostrando su espíritu “andimocrático” al aplicar políticas colindantes con el fascismo; 2) Una crisis económica aguda que golpea a los de abajo, reflejada en la carestía del costo de vida y el descenso del salario nominal; dicha crisis económica también afecta directamente a la clase media y a la burguesía nacional, en beneficio de los grandes capitales. 3) Hay mayor movimiento popular que expresa indignación de las masas; movimientos que todos hemos visto y que nosotros los expusimos en los artículos anteriores. Es más, esta situación no solo ocurre en el Perú, sino también en todo el mundo, con las guerras del imperialismo y los sometimientos de sus semicolonias a través de la violencia militarizada; además, esta situación revolucionaria se dio en diversos periodos y distintas partes del mundo, pero incluso así no es garantía del estallido de una revolución, «porque la revolución no se produce en cualquier situación revolucionaria; se produce sólo en una situación en la que los cambios objetivos citados son acompañados por un cambio subjetivo, como es la habilidad de la clase revolucionaria para realizar acciones revolucionarias de masas suficientemente fuertes como para destruir (o dislocar) el viejo gobierno» tal como lo señala Lenin.
Entonces, las condiciones de ahora nos lleva a lo que el propio Lenin enseña: «Lo que se discute es el deber indiscutible y fundamental de todos los socialistas: la de revelar a las masas la existencia de una situación revolucionaria, de explicar su amplitud y su profundidad, despertando la conciencia revolucionaria y la determinación revolucionaria del proletariado, ayudándolo a pasar a las acciones revolucionarias y formar las organizaciones que correspondan a la situación revolucionaria, para trabajar en esta dirección» y, en consecuencia, exigir una Asamblea Constituyente que permita a las clases trabajadoras educarse aún más políticamente es el camino correcto aunque no el final del camino; esta exigencia permitirá “formar las organizaciones que correspondan a la situación revolucionaria” en el mismo sentido en que los bolcheviques se forjaron mucho antes del estallido de la revolución de octubre. Es lo que plantea Lenin y es lo que comprendió Mariátegui al analizar la realidad peruana. Frente a esto, hay quienes nos reprochan porque no participamos en las elecciones y en el putrefacto parlamento actual o porque no apoyamos a uno de los grupos que participan en la segunda vuelta; peor aún, utilizan y tergiversan las palabras de Lenin para demandarnos tal proceder. Aunque ya lo explicamos hasta la saciedad, volveremos a este tema, desde los postulados de Lenin, en el siguiente artículo.










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