Arlindo Luciano Guillermo
El 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía por disposición de la Unesco. La poesía es la expresión más sublime de la belleza a través del lenguaje oral y escrito. No existe un pueblo que no haga uso de la poesía para manifestar vivencias personalísimas y acciones colectivas. En la Biblia abunda la poesía, los refranes contienen metáforas, las canciones son poemas sencillos y de rápida asimilación por el oyente. Las muestras de afecto van acompañadas de versos espontáneos: “eres el aire que respiro”, “cabellos de plata”, “tus ojos son luceros”, “escuchar los consejos del corazón”. La poesía se encumbra con el talento y el genio de los poetas. “Íbamos a vivir toda la vida juntos. / Íbamos a morir toda la muerte juntos. / Adiós. / No sé si sabes lo que quiere decir adiós. / Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, / vivir entre otras gentes, / reírse de otras cosas, / morirse de otras penas. / Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse, / olvidando, como traje inútil, la juventud” (“Serenata”, Manuel Scorza). ¿Qué se podría decir de la luna con poesía? “Luna, testigo de los amantes que se esconden en la sombra de la noche para darse mutuo tributo íntimo. Luna, pasajera sin estación. Luna, hostia que nadie puede comulgar. Eres la pasión del poeta que te observa, sin poder alcanzarte, desde una huerta de hierbas que endulzan la vida, un río generoso, un eucalipto eterno.
Cuando repetía en la escuela de memoria; es decir, recitaba, en el aula, frente a mis compañeros de clases, “A cocachos aprendí” y “La pelona” no sabía que esos versos breves poseían poesía simple. El primer poema que leí fue “El niño solo”, incluido en el poemario Desolación, de Gabriela Mistral, en mi libro escolar de Humberto Santillán Arista. “El niño solo” -ahora lo sé- es un soneto alejandrino (14 sílabas métricas). El yo poético es una primera persona femenina con actitud solidaria y maternidad. En un rancho, hay un niño de ojos azules, solo. Al despertar no encontró a su joven madre, que trabaja en labores agrícolas, y llorareclamando sustento alimenticio. Se calmará cuando succione el “pezón de rosa”. Hay epítetos (“ojos dulces”), símil (“una ternura inmensa me embriagó como un vino”). El primer terceto desborda de belleza y elegancia modernistas: “Por la ventana abierta la luna nos miraba. / El niño ya dormía y la canción bañaba / como otro resplandor mi pecho enriquecido”. Ese fue el contacto primigenio con la poesía. Descubrí que se podía decir de otro modo lo mismo, pero con lenguaje figurado, simbólico, sutil, indirecto, que se podía comparar y definir cosas con palabras. Ya en la universidad supe que a eso se le denominaba figuras retóricas y comunicación literaria. Cuando leí el poema “Los ojos de Elsa”, de Louis Aragón,poeta surrealista francés, quedé anonadado: “Tus ojos son tan hondos que me incliné a beber / y vi todos los soles venir a contemplarse / arrojarse a morir a los desesperados / tus ojos son tan hondos que pierdo la memoria”. Con libertad de lector, le di la siguiente paráfrasis: “Tus ojos son tan profundos que en ellos pierdo la memoria”. Así lo repetía donde fuera necesario y había oportunidad. “Tus ojos / esos tus ojos / café, sombra, penumbra”.
Vallejo, Neruda y Eguren fueron una verdadera epifanía en mi trayectoria de lector y de aspirante fallido de poeta. Una tarde de lectura escribí”. “El grillo baila sobre las cuerdas del violín quieto. / La muchacha de ojos verdes / descansa sus manos en el sofá”. Vallejo es el dolor del hombre sobre la tierra, el de carne y hueso, el que sabe que ni Dios puede aliviar su sufrimiento solo por el hecho de haber nacido. “Los heraldos negros”, “Los dados eternos”, “Dios”, “Los pasos lejanos” o “Espergesia”. “Potros de bárbaros Atilas”, “heraldos negros que nos manda la muerte”. Leer esos versos me conmovió poderosamente. Casi no entendía, pero con el tiempo, cuando ya fui leyendo más poesía, me di cuenta que decía más que las palabras escritas sobre las páginas del libro. Leer poesía era analizarla, sentir el eco de la intención y la sutileza, interpretarla con libertad y equívoco. ¿”Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave”? Eso rompía la lógica del lenguaje. Es que ya no era Gabriela Mistral ni Eguren ni Valdelomar, sino el Vallejo que ingresaba irreversiblemente a la poesía vanguardista que se concretaría en Trilce. Un combatiente muere en batalla. Lo rodean todos los hombres de la tierra, se levanta, abraza al primer hombre y se echa a andar. Es el relato de “Masa”. ¿Qué simboliza el cadáver resucitado? Así aprendí a leer poesía, sin ver las palabras, sino las figuras, imágenes, metáforas, frases de dislocada sintaxis, adjetivos desafiantes, sentimientos convertidos en temas impersonales. La poesía se hizo mi compañera.
A Neruda llegué no por Canto general, Residencia en la tierra o Memorial de Isla Negra, sino por su poesía amorosa. Era más accesible al lector porque el poeta chileno hablaba por nosotros, de nuestra vida sentimental, de la mujer esquiva, hermosa, sensual como el fruto maduro, dulce y apetecible. Poema 13: “He ido marcando con cruces de fuego / el atlas blanco de tu cuerpo. / Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. / En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. / Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, / muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste”. No era el Vallejo que demandaba esfuerzo académico e intelectual para entender su poesía; ahora estaba ante un poeta con quien me sentía cómodo y a gusto con sus versos amorosos. Había un efecto emocional inmediato. “(Amo el amor de los marineros / que besan y se van. / Dejan una promesa. / No vuelven nunca más. / En cada puerto una mujer espera: / los marineros besan y se van. / Una noche se acuestan con la muerte / en el lecho del mar) [Farewell]. Luego vendrían otros libros de poesía de Neruda. “Sucede que me canso de ser hombre. / Sucede que entro en las sastrerías y en los cines / marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro / navegando en un agua de origen y ceniza. (…) Sucede que me canso de mis pies y mis uñas / y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre”. [“Walking around” (Caminando)].La poesía se hacía social y política.
Hay más lectores de narrativa, ensayo y periodismo que de poesía. La poesía exige más, propone retos, en ocasiones terminamos derrotados sin piedad. Unas veces se torna accesible y sencilla o hermética, insondable, inexpugnable, compleja, imposible de entenderla. Es muy frecuente encontrar a gente que lee poesía y no comprende. Siempre estaré agradecido de la poesía, de la palabra poética, porque me salvó de cometer estupideces y decisiones irresponsables que me hubieran costado la vida y la profesión. En las luchas estudiantiles en la universidad, donde predominaba la ideología y la política, leía a mis compañeros la poesía de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Vallejo, José Ángel Buesa, Manuel Scorza. Esa poesía me puso un altísimo muro de contención que evitó que saltara al abismo, diera pasos en falso y me precipitara por la senda de la locura. La poesía de Samuel Cárdich siempre está en mi agenda de lector para la relectura y el disfrute estético.










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