Nosotros partimos de la realidad concreta y palpable de la clase trabajadora peruana, sin soslayar la realidad que apremia a los trabajadores del mundo, principalmente a la clase proletaria y campesina de América Latina, pues las luchas que emprenden ellos deben alimentar nuestros espíritus revolucionarios; así también, estamos seguros de que nuestra lucha constante alimenta el espíritu de los pueblos hermanos. Entonces, ¿cuál es la realidad de la clase trabajadora en el Perú? Mientras las entidades gubernamentales y serviles del imperialismo se regodean en sus riquezas, alardeando de ser una de las mejores economías, son los trabajadores y las clases populares los que cargan toda la crisis del Perú. Tenemos que un 70% de fuerza laboral es empleada informalmente; el 73% tiene que vivir el día a día; mientras que un 29 % tiene múltiple empleo porque con uno solo no puede enfrentar el encarecimiento del costo de vida. En el papel se establecen las 8 horas laborales con 48 horas semanales, pero las ocho horas diarias no son suficientes para subsistir bajo este sistema y en los trabajos informales las 8 horas diarias se extienden hasta 18.
Hay que recordar que la inflación ha llegado a 3.80% asestando un golpe contra el júbilo del BCR, cuyo porcentaje máximo de inflación es de 3%; sin embargo, esto está afectando a los obreros, mas no a las grandes burguesías. Por otro lado, las contrataciones de mano de obra aumentan lentamente, pero se lo debemos a las mipymes, las cuales también empiezan a sentirse asfixiadas por las tasas de interés que, solo para ellas, asciende al 58,68% anual. Los trabajadores agroexportadores, pese al histórico paro protagonizado en el 2020 y las leyes gubernamentales que, como siempre, son solo ornamentos para ocultar vedades horrorosas, no han visto mejoras claras en su situación laboral: Todavía existe la sobreexplotación que está anexado a la producción de plusvalía absoluta que, en resumen, consiste en alargar la jornada laboral en lugar de implementar el trabajo con mejores maquinarias y, pese a la obtención de ingentes cantidades de ganancia, el salario para ellos sigue siendo muy precario. De esta manera, podemos dividir la producción agrícola en dos realidades: 1) La de las empresas agroexportadoras que son las que más se benefician, incluso, con subsidios estatales y hasta “alargamientos de fechas para pago de impuestos”; 2) el agro correspondiente a las familias del campo basada todavía en el minifundio, que yace abandonada sin subsidio estatal con poco mercado directo, por lo que recurren a préstamos con tasas de intereses elevadas. Las grandes mineras, quienes luchan por aplastar a las pequeñas minerías y a las minerías artesanales ya sea comprándoles sus terrenos o por la imposición de la violencia militarizada (No es un cuento que las grandes empresas mineras son las que inician las guerras contra la minería artesanal), han experimentado un crecimiento en sus ganancias de 9.1 % que se representa en proyecciones de exportaciones superiores a 35,000 millones de dólares, mientras que con las pequeñas mineras y minería artesanal ocurre lo contrario.
Por otro lado, vemos que la política implementada por el fujimorato en el 90, siguiendo las pautas del imperialismo norteamericano, se sigue cumpliendo a toda cabalidad: Se compran líderes sindicales, asesinan líderes respetables, azuzan con la estrategia del “terruqueo”, se siguen aplicando estrategias de desestabilización laboral, reducción de derechos de negociación colectiva y el despido masivo de dirigentes opositores; acompañan a estas medidas el incremento del espíritu reaccionario de las fuerzas armadas y de la policía, a quienes no les tiembla la mano al momento de disparar contra su propio pueblo. En este punto se está cumpliendo lo que había ya enseñado Lenin; es parte de la arremetida del imperialismo por contener las revueltas populares en sus semicolonias y dentro de sus propias fronteras. Con estas medidas, es obvio que el parlamento esté lleno de sabuesos del imperialismo norteamericano, cuyos intereses son custodiadas por la Gran Burguesía Financiera en pugna con la Gran Burguesía Burocrática que defiende los intereses del social imperialismo chino.
Estamos también frente a una realidad que nos demuestra las nulas posibilidades de combatir desde el parlamento. En este contexto, el camino que hemos optado es el de llamar constantemente a NO VOTAR, dado que la democracia burguesa hoy actúa con total descaro y cinismo, sin importarles demostrar que su “democracia” es falsa, que la democracia burguesa es en sí una dictadura vil. Ejemplos recientes, la aprobación del retorno a la bicameralidad que el Perú había rechazado con un porcentaje cercano al 90% en el referéndum del 2018. Este retorno le costará al pueblo una inversión de 1,768 millones de soles para el 2026, lo que implica un incremento de S/. 356 millones con respecto al año anterior. Otro ejemplo es el pisoteo de la petición del ejecutivo que deseaba posponer la compra de los 12 aviones a Norteamérica, cuyo costo llevará al gobierno a eliminar Beca 18 para costearlo, sin hablar que nuestra deuda externa ha ascendido a 156,083 millones de dólares y la deuda con USA equivale aproximadamente a 86.3 mil millones.
Frente a esto, se nos increpará seguramente cuál es el objetivo de ANULAR EL VOTO o NO IR A SUFRAGAR: Simple, deslegitimar cualquier gobierno y avanzar hacia una Asamblea Constituyente con amplia participación Popular como parte de la formación política de las clases trabajadoras, en el que aprenderán que el sistema podrido no brega por sus intereses y les permitirá avanzar a dar el salto cualitativo necesario —de clase en sí a clase para sí— que los encumbre a la lucha por su emancipación real. Compañeros, debemos entender que la izquierda electorera tampoco representa ni siquiera las intenciones de una mínima reforma para el país; la lucha verdadera debe surgir de las bases sociales, de los movimientos populares y los líderes deben abandonar los simples discursos, el estudio de “salón”. Todo aquel que decida ser líder, debe marchar junto a los trabajadores, conocer su realidad, sufrir con ellos, educarse con ellos y marchar hacia su verdadera emancipación. No hay otro camino, por esto, nosotros mismos debemos educarnos políticamente, para saber guiarnos mutuamente hacia esa lucha por la libertad plena. En esta parte se nos increpó por qué debemos aspirar todavía a una Asamblea Constituyente con amplia participación Popular si podemos “tomar” directamente los recursos nacionales y desde ahí empezar a cambiarlo todo. En el siguiente artículo hablaremos sobre ello.










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