La IA existe desde hace mucho tiempo, pero su uso como «psicólogo» es reciente. Es empleada mayoritariamente por jóvenes, aunque no en menor medida por los adultos, con preguntas como: «Me siento triste, ¿cómo puedo dejar de estarlo?» o «¿Cómo dejar de tener pensamientos tristes?». Así comienza la muy popular «terapia por IA».
El uso frecuente de este recurso genera una dependencia en los jóvenes porque allí, en la terapia por IA, se sienten escuchados y valorados; tienen la seguridad de contar con un amigo que está siempre disponible, al alcance del bolsillo. Sin embargo, esto ha provocado una desconexión de los amigos reales, los sentimientos verdaderos y las respuestas auténticas, sustituyéndolos por un amigo virtual, sentimientos digitales y respuestas que no generan un alivio real o que, en algunos casos, dejan un vacío interior. El uso frecuente de la IA —y más aún como terapeuta— está provocando en los jóvenes mucha soledad, construyendo con ello un mundo cada vez más solitario.










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