La crisis en Gaza volvió a escalar después de que Benjamin Netanyahu ordenara al Ejército israelí ampliar su control territorial hasta al menos el 70% de la Franja, una decisión que amenaza con romper el frágil alto el fuego firmado el año pasado y profundiza una emergencia humanitaria que afecta a más de 2 millones de palestinos.
La orden supone una expansión respecto al 53% de control previsto en el acuerdo de tregua impulsado por Estados Unidos. Según reportes internacionales, Israel ya controla alrededor del 60% del enclave y busca avanzar hacia nuevas zonas bajo argumento de seguridad.
El ministro de Defensa, Israel Katz, confirmó además que el gobierno mantiene un plan de “emigración voluntaria” para palestinos de Gaza. Organizaciones de derechos humanos sostienen que, bajo bloqueo, desplazamiento y destrucción generalizada, esa salida no puede considerarse realmente voluntaria.
La decisión deja bajo presión a Washington, que había respaldado un plan para preservar la integridad territorial de Gaza durante negociaciones de paz. El nuevo avance militar también eleva críticas de Naciones Unidas, gobiernos europeos y organizaciones humanitarias.
Gaza vuelve así al centro de la agenda mundial. La pregunta inmediata es si la comunidad internacional logrará contener la expansión israelí o si el alto el fuego quedará reducido a una formalidad sin capacidad real para proteger civiles.










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