Huánuco no está ante una emergencia inesperada, sino ante el fracaso repetido de un sistema que lleva varios años ofreciendo excusas mientras la población sigue sin agua. En 2016, Diario Ahora tituló “Huánuco otra vez sin agua”. Hoy, una década después, la ciudad vuelve a cargar baldes por la pésima infraestructura y la ausencia de un plan serio de contingencia.
La indignación ciudadana tiene fundamento. No puede llamarse accidente a un colapso anunciado, menos cuando vecinos de Pucuchinche advirtieron filtraciones y nuevos puntos vulnerables en el canal que lleva agua desde Canchán hasta Cabritopampa. Si Seda Huánuco conocía esos riesgos y no actuó, la crisis ya no es solo técnica: es responsabilidad institucional.
Durante seis días, familias de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca han enfrentado una restricción que golpea la salud, la higiene, los negocios, los colegios y los hogares. Mientras tanto, el recibo llega puntual. Esa es la paradoja que irrita con razón al ciudadano: el servicio falla, pero el cobro no perdona.
La portada de Diario Ahora del 25 de mayo de 2016 no es un recuerdo periodístico: es una prueba de abandono. Entonces también se advertía que Huánuco, Amarilis y Pillco Marca quedarían sin agua. Diez años después, el problema no solo persiste; se ha vuelto parte de una normalidad inaceptable.
Diario Ahora sostiene una posición clara: la población no puede seguir pagando la improvisación de Seda Huánuco, la pasividad de la OTASS y el silencio de las autoridades municipales y regional. Antonio Jara, Roger Hidalgo, Diana Plejo y Antonio Pulgar, respectivamente, no pueden mirar la crisis desde lejos. Gobernar también es responder cuando la gente no tiene agua para cocinar, asearse o atender a sus hijos.
La marcha ciudadana convocada en la Plaza de Armas expresa algo más profundo que rabia momentánea. Es el hartazgo de una ciudad que entendió que pedir agua no es pedir un favor. Es exigir un derecho básico que ninguna empresa pública, funcionario designado o autoridad electa puede tratar como asunto secundario.
La reparación del canal es apenas el primer paso. Huánuco necesita una auditoría técnica de toda la infraestructura, un cronograma público de mantenimiento, distribución transparente de cisternas y responsables con nombre propio. Sin eso, el próximo colapso no será una posibilidad: será una repetición anunciada.
El problema no es solo que Huánuco esté otra vez sin agua. El verdadero escándalo es que, después de 10 años, nadie pueda explicar con seriedad por qué seguimos en el mismo punto. Y la pregunta que queda es inevitable: ¿cuántas portadas más tendrá que publicar Diario Ahora para que las autoridades entiendan que el agua no es un lujo, sino una obligación?










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