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A mediados de los noventa había regresado a Huánuco, después de una larga permanencia en la capital por razones de trabajo, y me di con la grata sorpresa de la edición de un diario con noticias netamente locales, aunque las primeras ediciones provenían de una filial de una empresa con sede en Pucallpa, que al poco tiempo se independizó. Era el diario AHORA. Esta es la percepción que tengo; si hay alguna diferencia, los protagonistas lo saben con mejor precisión que yo.
Al frente de esta importante empresa pionera en Huánuco estaba Julio Trujillo Pazos, a quien me une un lazo familiar por el lado de su esposa, de la familia Cañoli, de raíces huacarinas, emparentadas con mi madre.
Pero ello nada tiene que ver con la amistad que encontré con Julio, pues mis afanes periodísticos me llevaron a buscarlo para dar rienda suelta a esas inquietudes y, luego de unos breves ensayos semanales, Julio me dijo: primo, la columna es tuya los días lunes, día de mayor demanda del periódico.

Desde esa vez, diciembre de 1999, el diario AHORA publicó mis artículos sin fallar un solo lunes, salvo razones de fuerza mayor, hasta el año 2005 y luego de manera esporádica hasta el 2018, por razones que me alejaron de Huánuco.
Pero esta nota no se trata de mí, sino de Julio; sin embargo, no me puedo desligar plenamente, por la sencilla razón de lo que significan para mí todos esos años al lado del diario AHORA y el apoyo incondicional que me otorgaba su director para los diversos temas, sin ninguna censura de su parte. Lo cual es fundamental para una persona como yo, que funge de escritor, pretendiendo decir su verdad.
Demás está decir que la mayoría de mis artículos eran críticas a las autoridades locales por su deficiente desempeño. Claro que no faltaban las notas culturales, deportivas, sociales, etc., pero la esencia era velar por el desarrollo de nuestra patria chica. Y eso me satisfizo plenamente, gracias a Julio Trujillo Pazos, que hoy, al enterarme de su fallecimiento, me sobrecoge grandemente.
Posiblemente otros colegas y amigos lo van a loar desde su labor netamente periodística, pero yo quiero destacar su otra faceta, que considero importante. Julio, ante todo, fue un gran empresario, quien, ante un camino fácil de la dependencia a través de un sueldo de empleado, prefirió arriesgar con la suya, como se dice, y se lanzó por la ruta más difícil, cual es la de ser dueño de su empresa privada y luchar a diario con la crítica, con las deudas, con las ventas, con el banco y con todo aquello que está detrás de un mostrador, que el público del otro lado no suele ver y se queja. A veces con razón, pero más de las veces con la sinrazón. He ahí mi homenaje.
Grande, Julio. Gracias, Julio.









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