El encuentro "Voces de la Tierra", organizado en Huánuco por el Día Nacional de la Mujer Indígena u Originaria, evidenció las brechas de integración y la falta de un soporte institucional permanente para las artesanas de las comunidades más alejadas. Aunque la actividad buscó visibilizar la producción de zonas como Puerto Inca o Quisqui, las dificultades de acceso y la ausencia de canales de comercialización estables limitan el impacto económico del sector.
La directora de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Huánuco, Esperanza Rosales, reconoció que las distancias geográficas impidieron la asistencia de diversas delegaciones invitadas de la región. No obstante, el evento congregó a productoras de los distritos de Churubamba, Tambogán y Quisqui, así como de la provincia de Puerto Inca, quienes exhibieron textiles y artesanías trabajadas de forma íntegra a mano.
La inserción en mercados formales de mayor escala constituye una de las demandas centrales de las organizaciones de artesanas ante los rigurosos requisitos técnicos de los programas oficiales de fomento. Rosales precisó que acceder a plataformas como Ruraq Maki —el principal encuentro de arte tradicional del Ministerio de Cultura— demanda el cumplimiento de condiciones técnicas que las productoras rurales autogestionan o canalizan mediante asociaciones independientes.
Vacíos en la articulación gubernamental
La falta de políticas integrales de mediano plazo para este sector es un desafío estructural que involucra a múltiples estamentos del Estado. Al respecto, Rosales sostuvo que existe una tarea pendiente en los tres niveles de gobierno —central, regional y local— para estructurar estrategias que superen la organización de ferias temporales y faciliten una inserción económica sostenible.
Si bien los gobiernos locales y regionales promueven exposiciones periódicas, la funcionaria advirtió que el principal reto consiste en extender el fomento hacia los sectores con menor accesibilidad vial. La concentración de las actividades oficiales de promoción en las capitales de provincia suele dejar al margen del apoyo técnico y de los circuitos comerciales a las comunidades nativas y caseríos rurales más distantes.
Para los colectivos de mujeres de la provincia de Puerto Inca, las dificultades de inserción han impulsado la creación de redes autónomas. En el distrito de Yuyapichis, la Asociación Centro Ponal, liderada por la representante asháninka Adela Chávez Floria, trabaja en alianza con la promotora independiente Charito Reátegui para formalizar la comercialización de tejidos y canastería de fibra vegetal frente a la lentitud del acompañamiento estatal.
El desafío de la sostenibilidad
La vulnerabilidad de estos emprendimientos contrasta con las acciones institucionales que, según cuestionan los colectivos locales, suelen intensificarse de manera temporal en el marco de efemérides oficiales. La preservación de las técnicas tradicionales y la estabilidad del sustento familiar de las artesanas dependen en gran medida del acceso a capacitación técnica permanente y de la facilitación de infraestructura logística en sus propias localidades.
El balance de esta jornada reabre el debate sobre la descentralización efectiva de los recursos públicos destinados a las industrias culturales en el interior del país. El próximo paso de la Dirección Desconcentrada de Cultura y de las municipalidades de la región consistirá en demostrar si la coordinación iniciada se traducirá en programas de capacitación continuos y presupuestos específicos, o si el sector continuará operando bajo esquemas de stricta autogestión.










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