El brote de Coxsackie en Huánuco no puede ser tratado como una simple alerta escolar ni como una cifra pasajera dentro de un reporte epidemiológico. Más de 350 niños afectados revelan una verdad incómoda: cuando la higiene pública falla, cuando la basura se acumula, cuando los filtros sanitarios no se sostienen y cuando las autoridades reaccionan tarde, la infancia termina pagando las consecuencias.
Consideramos que la responsabilidad de las autoridades es sumamente seria. El Coxsackie se propaga por contacto directo, por superficies contaminadas, por secreciones, por manos sucias y por entornos donde la limpieza deja de ser una prioridad. Por eso, reducir el problema a recomendaciones familiares es una forma de evadir el fondo del asunto. Los padres tienen deberes, pero el Estado también. Y en una emergencia sanitaria, ese deber no admite excusas.
Huánuco no puede normalizar que los brotes avancen primero y que la respuesta institucional llegue después. Las brigadas médicas, los cierres focalizados y los aislamientos escolares son necesarios, pero no reemplazan la prevención. La prevención empieza antes: con recojo oportuno de residuos, agua segura, baños limpios, aulas desinfectadas, mercados ordenados, vigilancia municipal y mensajes claros a la población.
Lo preocupante es que este brote aparece en una región donde los problemas sanitarios suelen repetirse. Hoy es Coxsackie. Ayer fue dengue. Mañana puede ser otra enfermedad asociada al descuido ambiental y a servicios básicos deficientes. La salud pública no se protege solo dentro de hospitales; se defiende en las calles, en los colegios, en las viviendas, en los parques y en cada espacio donde un niño juega, come o estudia.
Las municipalidades no pueden mirar este problema como si perteneciera únicamente al sector Salud. La limpieza urbana, el manejo de residuos, el control de aguas estancadas y la fiscalización de condiciones sanitarias son competencias que afectan directamente la vida de la gente. Cuando una calle está sucia, cuando un colegio carece de higiene suficiente o cuando la basura permanece días sin recogerse, el riesgo sanitario deja de ser posibilidad y se convierte en amenaza.
También corresponde a las autoridades educativas asumir un papel más firme. No basta abrir las puertas de las aulas si no existen filtros reales, comunicación diaria con padres y protocolos cumplidos sin improvisación. La escuela debe ser un espacio seguro, no un punto de multiplicación del contagio.
Este brote exige transparencia. La población necesita saber dónde están los focos, qué colegios fueron intervenidos, qué municipalidades están cumpliendo y qué autoridades no están actuando con la urgencia debida. La confianza ciudadana no se construye con frases tranquilizadoras, sino con información verificable y acciones visibles.
Huánuco tiene derecho a exigir una respuesta proporcional al riesgo. No se trata de generar alarma, sino de impedir que la indiferencia se disfrace de calma. Si más de 350 niños ya fueron afectados, el mensaje es claro: la higiene pública debe dejar de ser una tarea secundaria.
La enfermedad puede propagarse por falta de higiene. El abandono, en cambio, se propaga por falta de autoridad.










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