Más de 26.000 casos de diabetes se reportaron en Perú al 30 de junio de 2025, según datos oficiales del sistema de vigilancia sanitaria. De ese total, solo 170 corresponden a diabetes tipo 1, lo que representa apenas el 0,64 % de los registros. Sin embargo, pacientes y especialistas advierten que esta enfermedad sigue siendo una de las más desatendidas por el Estado, con serias deficiencias en el acceso a insulina, la ausencia de un registro nacional y brechas significativas en las provincias.
Una enfermedad de aparición brusca y agresiva
El médico endocrinólogo Fernando Quinto explicó que la diabetes tipo 1 tiene una evolución muy distinta a la tipo 2. Mientras la segunda puede avanzar silenciosamente durante años, la tipo 1 suele aparecer de forma brusca y agresiva. "La sed excesiva, la orina abundante, la pérdida de peso y el aumento del apetito son señales claras. Muchas veces debutan en emergencia con cetoacidosis diabética", advirtió.
Esta condición autoinmune ocurre cuando el propio organismo ataca las células del páncreas encargadas de producir insulina. Sin esa hormona, el cuerpo pierde la capacidad de regular la glucosa y sobrevivir depende de un tratamiento inmediato y permanente.
Subregistro y falta de datos oficiales
Las cifras oficiales generan dudas entre las organizaciones de pacientes. Para la ONG Lucas, Una Misión de Vida, el problema de fondo es que el país no cuenta con un registro nacional oficial y actualizado de pacientes con esta enfermedad. "¿Cómo compras insulina o planificas atención si no sabes cuántos pacientes tienes?", cuestionó Mónica Portal, quien lleva más de una década acompañando a familias.
Portal relató que su propio hijo fue diagnosticado a los 2 años y medio. Desde entonces, aseguró, ha visto cómo muchas familias atraviesan una doble crisis: la médica y la económica. Según la ONG, el costo mensual de mantener a un niño con diabetes tipo 1, sin acceso a tecnologías como monitores continuos, oscila entre S/1.500 y S/1.600. "Muchas veces uno de los padres tiene que dejar de trabajar, al menos durante el primer año", explicó.
Centralización de la salud y desabastecimiento de insulina
El acceso a la atención especializada es otra de las grandes brechas. Para el médico Quinto, esa es una de las mayores debilidades del sistema. "El problema es que en muchas zonas alejadas no siempre se sospecha la enfermedad a tiempo. Como es poco frecuente, muchos médicos del primer nivel no la han visto nunca", señaló. Esto significa que un niño puede ser tratado por una gastritis o una infección cuando en realidad está entrando en una cetoacidosis potencialmente mortal.
Desde noviembre de 2025, organizaciones de pacientes denuncian episodios de desabastecimiento de insulina tanto en hospitales públicos como en farmacias privadas. La ONG Lucas, Una Misión de Vida, junto con otras asociaciones, envió una carta formal a EsSalud para solicitar una reunión urgente sobre el abastecimiento y la implementación de la guía clínica para diabetes tipo 1. "La insulina no es negociable. Si no hay insulina, no hay tratamiento", resumió Quinto.
Cuestionamientos a decisiones políticas
Las asociaciones también cuestionan decisiones políticas recientes. Entre ellas, el predictamen impulsado en la Comisión de Salud del Congreso que busca excluir la participación de pacientes en procesos de evaluación de tecnologías sanitarias. Las organizaciones calificaron la medida como un "grave retroceso" y alertaron que limita la transparencia y el acceso a tratamientos innovadores.
Con tratamiento adecuado, especialistas aseguran que una persona con diabetes tipo 1 puede tener una vida larga y prácticamente normal. Pero esa posibilidad depende de que el Estado garantice lo mínimo para sobrevivir. Para muchas familias, eso todavía no está asegurado.










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