En el último año el auge de la IA ha sido innegable, especialmente debido al surgimiento de un sin número de herramientas aplicables en diferentes áreas y contextos. Este aumento vertiginoso ha causado que desde diferentes ámbitos surjan preocupaciones por el uso adecuado de la IA, así como las implicaciones éticas asociadas. Considerando, las numerosas posibilidades que ofrecen estas herramientas para facilitar el desarrollo de actividades, es importante analizar de manera profunda los efectos y consecuencias que pueden ocasionar en la sociedad.
Existe un paradigma asociado a la IA y a su creciente desarrollo disruptivo, el cual está generando una nueva sociedad. Donde el poder de la IA se está legitimado en la política, la economía, la cultura y hasta en los aspectos sociales, que involucran el comportamiento, la forma de pensar, actuar, razonar y la capacidad del cerebro humano. Esto constituye un salto cuántico para el cual no existen regulaciones, tampoco cuestiones éticas y morales; y el país o corporación que se adelante en la materia, probablemente será el que guíe el destino de la humanidad.
Dentro de las áreas abordadas por la IA y sus implicaciones éticas se caracteriza por analizar su uso en el sector de la salud. En este marco, plantea que se deben considerar los siguientes aspectos de forma responsable, para su correcta implementación en los sistemas de salud y en los hospitales: responsabilidad civil del equipo de salud; formación de los equipos de salud para una adecuada gestión del sistema; confianza de los profesionales de la salud en esta tecnología; integridad científica la construcción del sistema de IA; seguridad y uso compartido de datos sensibles recolectados para alimentar el sistema.
En el contexto jurídico, el uso de la inteligencia artificial debe respetar la dignidad humana, la capacidad de decisión y la autonomía del usuario, tomando en cuenta que son los jueces, abogados, funcionarios de la administración de justicia y actores del proceso, los que desarrollan las acciones. Tomando en cuenta que la característica primordial de la IA es su funcionamiento relativamente autónomo, lo cual combinado con su accionar lógico e instrumental, puede conllevar a diversos actores de la sociedad a pensar en la posibilidad de otorgarle a esta tecnología el poder de decisión.
Dentro de este orden de ideas, la aplicación de la IA en el ámbito del periodismo plantea desafíos que van más allá de la sustitución del ser humano por la máquina y que se trasladan al campo de la deontología profesional. Esto es un aspecto relevante donde convergen de forma mediática el éxito de la IA, en el contexto periodístico, y como los profesionales y las maquinas interactúen para proporcionar un mejor servicio, que sea transparente, razonable y ético.
En cuanto a la integración de la IA en la educación superior, esta plantea diferentes oportunidades para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como para optimizar la gestión de la institución. No obstante, también se podría generar una brecha entre los que tienen acceso a la IA y los que no lo tienen, poniendo de manifiesto las desigualdades en la educación universitaria. Por otro lado, la dependencia de la tecnología y la automatización también pueden generar inquietudes sobre la sustitución de empleos, así como en la formación de los profesores y el personal administrativo. Finalmente, otro reto es la preservación de la privacidad y seguridad de los datos, siendo que la IA se fundamenta en el procesamiento de un gran número de datos.
Por otra parte, el impacto de la IA en la ética del ser humano puede verse afectada, considerando la visión de los grandes desarrolladores de IA como Amazon, Apple, Facebook (Metaverso), Google, IBM y Microsoft, quienes se están enfocado en desarrollar herramientas de IA mas emocionales. En otras palabras, aplicaciones empáticas para diferentes funciones e entornos. Estas aplicaciones se centran en todas las áreas de la vida humana, como la seguridad de vehículos autónomos a través del reconocimiento de las emociones del conductor; así como para la industria del bienestar, salud, fitness y alimentación, entre otras.
En general, la IA puede desarrollarse bajo tres modalidades, que suponen inconvenientes éticos diferentes. La inteligencia superior o superinteligencia, que se refiere a un tipo de inteligencia que sobrepasa a la humana, de manera tal que las máquinas pueden sustituir al ser humano. Esta modalidad es la que ha generado las propuestas transhumanistas y posthumanistas, basadas en la idea de la singularidad. La inteligencia general, que es la puede solucionar problemas generales. Este tipo de inteligencia es característica del ser humano, y representa el basamento de la IA, para lograr que una máquina tenga una inteligencia parecida a la humana. Finalmente, la inteligencia especial que se refiere tareas específicas, y es la que tienen los sistemas inteligentes capaces de ejecutar tareas de manera muy superior al ser humano, dado a que cuentan con una gran cantidad de datos y algoritmos sofisticados, para obtener resultados.










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