Parte II · Naturaleza y Aventura
Mountain bike en descensos que quitan el aliento, baños termales que brotan de la roca andina, una cueva habitada por aves que usan ecolocalización y un cacao que conquista al mundo. La naturaleza de Huánuco no pide disculpas por su grandeza.
Gustavo Figueroa
Cordillera, termales y aventura andina
SELVA ALTA · DESDE 660 MSNM
Biodiversidad, aves y ruta del cacao
La montaña de Huánuco no es un telón de fondo. Es el espectáculo en sí. Y la selva que comienza donde terminan los Andes no es un apéndice geográfico de la región —es su otra mitad, tan rica y tan viva que compite con cualquier destino amazónico del continente. En pocas regiones del mundo es posible desayunar a cuatro mil metros de altitud entre estructuras incas y cenar, esa misma noche, escuchando guácharos en una cueva tropical. Huánuco lo hace posible. Y eso, en el lenguaje del turismo contemporáneo, no tiene precio.
Sierra: entre cumbres y aguas calientes
La montaña como escenario de aventura
La región comparte con Áncash la Cordillera del Huayhuash, uno de los macizos más hermosos y técnicamente desafiantes de los Andes. Cimas como el Yerupajá (6,635 msnm) —segunda montaña más alta del Perú—, el Siula Grande (6,344 msnm), inmortalizado en el libro Tocando el vacío de Joe Simpson, y el Sarapo (6,143 msnm) seducen a alpinistas de todo el mundo. El circuito de trekking que rodea el Huayhuash está considerado entre los diez mejores del planeta, aunque la entrada peruana por el flanco huanuqueño es significativamente menos conocida que la ancashina. Una asimetría que habla más del marketing que de la geografía.
Para los amantes del ciclismo de montaña, las posibilidades son igualmente extraordinarias. La ruta desde la ciudad de Huánuco hacia Tingo María desciende de los 1,800 metros sobre el nivel del mar hasta los 660, cruzando pisos ecológicos que van de la puna a la selva alta en un trayecto donde las pendientes se alternan con vistas de valles que parecen salidos de una pintura. Los cerros que rodean la capital regional ofrecen circuitos para todos los niveles, con paisajes del río Huallaga y la cordillera al fondo. La infraestructura de soporte —rutas señalizadas, operadores con equipamiento, guías especializados— es todavía incipiente, lo cual es exactamente el tipo de vacío que representa una oportunidad de negocio para emprendedores locales y una promesa de autenticidad para el viajero pionero.
"El descenso de Huánuco a Tingo María en bicicleta de montaña conecta los Andes y la Amazonía en un trazo que los ciclistas describen como adrenalina pura."
Los baños termales de Conoc, a unos 60 kilómetros de la capital, completan la oferta de sierra con una experiencia que combina las propiedades del agua geotérmica con la belleza de un entorno andino que poco ha cambiado en siglos. Aguas que brotan a más de 60 grados Celsius, atribuidas por los pobladores locales propiedades curativas para dolencias musculares y respiratorias. Son termales en el sentido más auténtico: sin cadenas hoteleras ni artificios turísticos, sino roca, vapor y silencio de puna.
Cordillera del Huayhuash
Cumbres de más de 6,600 msnm compartidas con Áncash. El circuito de trekking que la rodea está entre los diez mejores del mundo.
Mountain Bike
Rutas de descenso desde los 1,800 hasta los 660 msnm. De la puna a la selva en un trazo de pendientes y panoramas imposibles.
Aguas Termales de Conoc
Aguas geotérmicas que brotan a 60°C en pleno entorno andino. Sin artificio, sin multitudes. Turismo termal en estado puro.
Más aventura en sierra
Rafting en el río Huallaga, escalada en formaciones rocosas, parapente desde miradores que dominan el valle. La oferta crece cada temporada.
La selva alta: el otro Huánuco
Tingo María y la jungla que enamora
Si la sierra de Huánuco es imponente, su selva alta es simplemente irresistible. El eje Huánuco-Tingo María concentra una biodiversidad que rivaliza con cualquier destino de ecoturismo de América del Sur, con la ventaja de estar a nueve horas de Lima y de contar con vuelos regulares desde la capital al aeropuerto de Tingo María.
El Parque Nacional Tingo María, con sus 4,777 hectáreas de bosque montano tropical, es el corazón de esta oferta. Dentro de sus límites conviven cientos de especies de aves —entre ellas el gallito de las rocas, ave nacional del Perú, y el guácharo o tayona— que convierten cada amanecer en una sinfonía que ningún altavoz puede reproducir. El birdwatching internacional, en franca expansión como mercado, tiene en Tingo María uno de sus grandes destinos sin desarrollar del planeta: la posición de la zona en el gradiente altitudinal andino-amazónico genera una concentración de especies que pocos puntos del mundo pueden igualar.
Dentro del parque se encuentra también la célebre Cueva de las Lechuzas: una gruta de proporciones catedralicias que alberga colonias de guácharos —aves únicas en el mundo aviar por usar ecolocalización como los murciélagos—, loros, golondrinas y murciélagos. Visitarla al atardecer, cuando miles de ejemplares salen a alimentarse en una nube de alas y sonidos, es una experiencia que los naturalistas describen como de otro planeta. Que semejante espectáculo solo haya convocado 120,790 visitantes en 2024 —con un crecimiento del 13.6% respecto al año anterior— dice todo sobre el potencial latente.
La Bella Durmiente: La formación rocosa que domina el horizonte de Tingo María —un perfil de mujer reclinada sobre las montañas— es uno de los íconos visuales más fotogénicos del Perú. En la era de las redes sociales, una imagen bien tomada de este paisaje podría valer más que cualquier campaña publicitaria. Todavía no ha explotado. Aún hay tiempo para hacerlo bien.
El otro gran activo de la selva huanuqueña es su ruta del cacao. El Valle del Monzón y otras zonas cacaoteras han protagonizado una de las transformaciones productivas más notables del Perú rural en las últimas dos décadas: comunidades que migraron de los cultivos de coca al cacao fino de aroma, produciendo hoy un grano que gana premios en ferias internacionales y atrae a compradores europeos y japoneses. Las condiciones para convertir este proceso en un circuito de agroturismo de alto valor —visitas a fincas, talleres de fermentación, catas de chocolate artesanal, estadías en ecolodge— están dadas. Solo falta la inversión en experiencia y la promoción dirigida al turista gastronómico internacional que cada vez más busca este tipo de vivencia auténtica.
Avistamiento de aves
Cientos de especies en el Parque Nacional Tingo María. El gallito de las rocas y los guácharos de la Cueva de las Lechuzas, únicos en el mundo aviar.
Ruta del Cacao
El Valle del Monzón produce cacao fino de aroma reconocido internacionalmente. Un circuito agroturístico de enorme valor aún por explotar.
Cascadas y paisajes
El Velo de la Novia, la catarata de Cayumba (100 m de caída) y la Laguna de los Milagros, un espejo de agua tropical ideal para kayak y fotografía.
Ecoturismo y ecolodges
La selva alta huanuqueña tiene un campo virgen para el modelo de ecolodge. Alta biodiversidad, senderos y vivencias comunitarias en crecimiento.
La ecuación perfecta: En un radio de menos de 300 kilómetros, Huánuco ofrece al viajero alpinismo en cumbres de más de 6,000 metros, ciclismo de montaña en descensos épicos, aguas termales en la roca andina, avistamiento de aves en uno de los ecosistemas más ricos del continente, turismo arqueológico sin colas y una ruta gastronómica del cacao que conecta naturaleza, historia y comunidad. Ese combo no existe en ningún otro lugar del Perú. Ni siquiera en Cusco.
Datos: Mincetur, Dircetur Huánuco, Parque Nacional Tingo María — informes 2024.









Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.