Un nuevo colapso del canal de conducción en Pucuchinche, registrado en mayo, dejó a más de 144 mil usuarios de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca sin servicio de agua potable durante varios días. Cisternas insuficientes, promesas dilatadas y familias enteras improvisando para cocinar, bañarse y cuidar a sus niños volvieron a ser la escena cotidiana de una crisis que se repite.
El canal tiene más de cincuenta años de antigüedad y sigue expuesto a huaicos, desprendimientos de talud, invasiones y obras mal coordinadas. Las redes de distribución, heredadas de décadas atrás, forman una maraña obsoleta que el modelo estatal —con sus sucesivas transformaciones de municipal a ministerios, de SENAPA a la actual intervención del Organismo Técnico de la Administración de los Servicios de Saneamiento— no ha logrado modernizar.
Un modelo agotado y una propuesta de fondo
Página 3 planteó en su editorial la necesidad de debatir sin dogmas la participación privada en la gestión operativa del agua. La publicación sostuvo que la regulación debe permanecer en manos de SUNASS (Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento) para vigilar tarifas justas y calidad, pero que la operación, la inversión y el mantenimiento diario requieren empresas con experiencia, capital e incentivos claros para hacerlo bien.
Como antecedente, el medio citó el caso de Chile, donde tras la modernización del sistema con participación privada en los años noventa se alcanzó una cobertura de agua potable cercana al 99.4% en zonas urbanas. Las inversiones se multiplicaron, las interrupciones se redujeron de forma drástica y se aplicaron subsidios focalizados para proteger a las familias más vulnerables. Experiencias similares se registraron en ciudades de Francia, mediante décadas de concesiones, y en varios países de Asia.
En contraste, cada corte de agua en Huánuco genera gastos adicionales para las familias —agua embotellada, tanques, tiempo perdido— mientras la infraestructura se sigue deteriorando. "Una empresa privada con experiencia internacional habría invertido hace años en modernizar todo el sistema desde la captación hasta la eliminación. No esperaríamos al próximo desastre para reaccionar", señaló el medio.
"Mantengamos el agua como derecho de todos, pero entreguemos su gestión operativa a quienes sí saben hacerlo con profesionalismo, eficiencia y responsabilidad", concluyó la editorial, que instó a dejar atrás el ciclo de fallas y sufrimiento innecesario con un sistema que ya demostró no funcionar.








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